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Postal navideña de Waterloo

Puigdemont intentará convertir la comisión de la Eurocámara encargada de tramitar el suplicatorio de la justicia española en una suerte de tribunal político donde tratar de desacreditar al Estado

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Ruiz Mateos, disfrazado de Superman, el 23 de septiembre del 2006.

Ruiz Mateos, disfrazado de Superman, el 23 de septiembre del 2006. / Archivo

Un hilo chispeante une como cuentas de un rosario a Carles Puigdemont con el empresario defraudador José María Ruiz Mateos, los expolíticos verdes alemanes Benedikt Härlin y Michael Klöckner y los ultraderechistas franceses Jean-Marie Le Pen y Bruno Gollnisch. Unos quisieran que el hilo fuera indestructible, mágico. Otros, quebradizo, estéril.

Puigdemont, Ruiz Mateos, Härlin, Klöchner, Le Pen, Gollnisch  y muchísimos otros tienen en común haber sido eurodiputados y encausados por la justicia de sus países. Hace 35 años, en la época de Härlin y Klöchner, dos periodistas acusados y luego condenados por propaganda terrorista, la Eurocámara solía ser reacia a conceder autorización para procesar a sus parlamentarios. No la concedió en el caso de Härlin y Klöchner. Una sabia decisión: años más tarde la sentencia condenatoria fue revocada por la propia justicia alemana. Hoy, la tendencia es radicalmente inversa: en la anterior legislatura (2014-2019) la Eurocámara recibió 55 suplicatorios para juzgar a otros tantos parlamentarios y solo denegó cinco de ellos.

El abogado Gonzalo Boye, genuino estratega de Waterloo, no solo jurídico, también político, cuenta con que su jugada termine como la de Härlin y Klöchner. En el refugio belga se susurra con devota reverencia estos dos apellidos alemanes. La guardia pretoriana de Puigdemont lleva ya meses volcada en la tarea de intentar convencer a eurodiputados nacionalistas, organizaciones de activistas e incluso miembros de los grandes grupos de la Eurocámara del rechazo al suplicatorio de Puigdemont cuando llegue.

Tribunal político

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Boye no se abstiene de contar su estrategia con pelos y señales, tanto en las islas como en la península. El hombre de Waterloo pretende convertir la comisión de la Cámara encargada de tramitar el suplicatorio en una suerte de tribunal político donde tratar de desacreditar al Estado español.

Navidades eufóricas en Waterloo. En el refugio belga, el susurro devoto de los nombres de Härlin y Klöchner ahoga el eco de otros apellidos: Ruiz Mateos, Le Pen, Gollnisch… La Eurocámara accedió a que todos estos fueran puestos en manos de la justicia.