29 feb 2020

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Análisis

Concentración ante la sede de la UE en Barcelona para celebrar el fallo de la justicia europea sobre Oriol Junqueras, el jueves.

JORDI COTRINA

El 'hor dago'

Rosa Paz

¿Qué pasa si a ERC no le gusta el escrito de la Abogacía del Estado?

¿Y qué pasa si a ERC no le gusta el escrito de la Abogacía del Estado? Tal y como se han puesto las cosas se podría afirmar que si eso ocurriera se daría por concluido el intento de investidura de Pedro Sánchez y se entraría en ese territorio ignoto de la provisionalidad gubernamental sin fin. Es lo que tiene echar un órdago, que apuestas todo a una sola jugada y si el envite es alto, como ocurre en esta ocasión, el riesgo de perderlo todo es igualmente elevado. Es algo que se conoce bien en el País Vasco, por algo órdago proviene del euskera ‘hor dago’ (ahí está) y del juego del mus que, según escribió irónicamente Mario Onaindia, es, junto con los jesuítas, la mejor aportación de los vascos a la historia de la humanidad. De hecho, en Euskadi las cosas han empezado a ir mejor cuando sus políticos se han alejado de esa tentación del todo o nada y han vuelto al modo negociación, que permite ir avanzando pasito a pasito. 

Los republicanos ya están negociando con el PSOE y no solo la investidura sino también los presupuestos —y quién sabe si la viabilidad de un futuro gobierno de la Generalitat en el caso de que ERC fuera la primera fuerza en las próximas elecciones catalanas—. Pero ese proceso de diálogo se ha convertido en una especie de carrera de obstáculos hasta llegar a este de la Abogacía y su pronunciamiento sobre la situación penal de Oriol Junqueras. A este escollo se ha llegado como consecuencia de que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea resolvió la pasada semana que Junqueras tenía inmunidad desde el momento en que fue elegido europarlamentario y el Tribunal Supremo no se la reconoció. La Abogacía ya defendió en junio que se debía autorizar a Junqueras recoger su acta de diputado, por lo que su escrito ahora irá en la misma dirección. Pero ¿irá tan lejos como para agradar a Esquerra?

Los socialistas tienen prisa para que la investidura se produzca cuando antes. La razón es obvia. En el PSOE y en Moncloa saben de las intensas presiones existentes para evitar la coalición de Gobierno con Unidas Podemos y más aún cualquier pacto con los independentistas. No hace falta leer a algún exgeneral —brutal en su planteamiento— para saber que esas alianzas no gustan mucho fuera de Catalunya y no solo en la extrema derecha. Dentro del propio PSOE también hay sectores que tiemblan ante la posibilidad de un acuerdo con ERC y no solo porque da munición a las derechas o porque pueda perjudicarles electoralmente en otras circunscripciones, también porque la sola idea de “ceder” ante los soberanistas les producen sarpullidos. ¡Menos mal que no hay elecciones a la vista! Salvo, claro, que este intento de investidura fracase y desemboque en una nueva convocatoria electoral. 

Hasta ahora, a los de Junqueras parecía no importarles el cronómetro. Pero ahora las cosas han cambiado. Porque el auténtico beneficiario de la decisión del TJUE es su rival, Carles Puigdemont, que ha recogido el acta de eurodiputado y con ello un altavoz para reforzar su liderazgo, lo que puede perjudicar los intereses electorales de ERC. Quizás esto les aleje del órdago y les empuje al posibilismo.