19 feb 2020

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Pintadas en la sede nacional de ERC, reivindicadas por el CDR de Les Corts.

POL SOLÀ / ACN / VÍDEO: QUIM VALLÈS / ACN

Ir a la procesión y repicar campanas

Sergi Sol

Para nada deben dejarse intimidar ERC ni sus militantes ni por los que andan por la vida pavoneándose como pollo sin cabeza, ni por los que retienen a Junqueras en la cárcel

Las presiones para impedir que prospere un acuerdo entre ERC y el PSOE arrecian. Las portadas de la prensa madrileña acusan a Pedro Sánchez de vendepatrias. Y, en Catalunya, a la inversa. Aquí es ERC el objeto de las iras de los guardianes de las esencias, con un matiz. Puesto que aquellos que les exigen que bajo ningún concepto ahonden en el diálogo con el PSOE son los mismos que han hecho acuerdos a medida del pragmático Miquel Iceta. El más repetido, en consejos comarcales o el de la semana pasada en Montgat, es de Junts con el PSC, con estos últimos llevándose el premio gordo. Amén de la todopoderosa Diputación, que por si sola -dos mil millones y lo que te rondaré, morena- da buena medida del verdadero alcance de esa alianza que permite al PSC retener sus bastiones y a los postconvergentes cortar el paso a ERC. Todo bendecido, en última instancia, por Waterloo. Rara vez se podrá decir con más aplomo aquello de ir a la procesión y repicar campanas.

Estábamos con el ‘sit and talk’ pero igual solo vale si los protagonistas del diálogo son otros. En defecto, anatema. En fin, ERC debe tomar la mejor decisión. Lo que no sería de recibo es sucumbir a los aspavientos y gesticulación de ese tradicionalismo que hoy da lecciones de patriotismo a derechazos y a su vez pacta a culatazos.

ERC ha hecho un congreso modélico, con Pere Aragonès asumiendo galones. La defensa jurídica de Oriol Junqueras y Raül Romeva -discreción y eficacia- ha logrado una victoria judicial demoledora, cuyos efectos son tan palpables que Carles Puigdemont y Toni Comín ya son europarlamentarios 'de facto'. ERC está sacudiendo la región metropolitana y se erige como única alternativa, aunque aún a distancia, al PSC. ERC ha asumido el grueso de la gestión gubernamental, imponiendo sus tesis sobre fiscalidad para atraer a los 'comuns'. Por ende, ha logrado en cuatro días que el PSOE retome la Declaración de Pedralbes, se siente y hable del conflicto político rehuyendo las escaramuzas que habían convertido Sánchez en un clon de Albert Rivera. Los analistas demoscópicos ponen en evidencia que el independentismo crece gracias a la capacidad de ERC de atraer nuevos votantes. Y por si fuera poco Junqueras es el líder mejor valorado de largo. Y Marta Rovira la más valorada.

Es cierto que hay un mundo independentista cada vez más crispado contra ERC, que desdeña la cárcel y elogia el exilio, cuando ambos son complementarios. Es cierto que arrecian los ultrajes a las sedes republicanas. Como es cierto que ese PSOE que ahora pide a ERC, no tuvo reparo alguno en verbalizar que su principal cometido, tras las municipales, era impedir que ERC asumiera la alcaldía de Barcelona y la presidencia de la Diputación. 

ERC y sus militantes deben sentirse orgullosos de todo lo que han logrado. Nadie ha tenido la valentía de poner sobre la mesa una hoja de ruta sincera, transparente, asumiendo debilidades y fortalezas, hacia la República. Para nada deben dejarse intimidar ni por los que andan por la vida pavoneándose como pollo sin cabeza, ni por los que retienen a Junqueras y al resto de presos y presas en la cárcel. Y, pese a todo, tendiendo la mano a los compañeros de viaje, por un lado; y apostando por el diálogo y el acuerdo, por el otro.