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La milonga del emprendimiento

La crisis impulsó el mito del emprendedor de éxito. La caída en el número de autónomos muestra que para muchos fue solo periodo de transición y dilapidación de ahorros

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La campana de la bolsa, símbolo del éxito empresarial. 

La campana de la bolsa, símbolo del éxito empresarial.  / ARCHIVO / EFE

En los años de la crisis la figura del emprendedor fue esperanza de muchos. El éxito se labraba siendo empresario, independiente y logrando capacidad de mando. Con la recuperación económica, gran parte de aquellos emprendedores gastaron sus ahorros, subsisten como pueden y sueñan con formar parte de un proyecto sólido, solos o acompañados. Las últimas estadísticas apuntan a que el número de menores de 35 años en el régimen de autónomos se ha reducido en 160.000 personas desde el 2008. El emprendimiento para los que no están sobradamente preparados nunca fue fácil, y menos si no están holgadamente financiados.

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Entre emprendedores y expatriados, la crisis económica sirvió para deshacerse de demandantes de empleo y se ganó una generación llena de frustraciones profesionales y salarios mileuristas. Ha llegado el momento de revitalizar los sueldos para allá del salario mínimo. Las propuestas de subida del SMI es un primer paso que las patronales critican sin argumentos sólidos. Los salarios deben aumentar al mismo ritmo que mejoren las cuentas de resultados y se dulcifiquen las dañadas relaciones entre empresarios y empleados.

Los síntomas de agotamiento del emprendimiento juvenil y de la actividad autónoma en general son signo de cambio de paradigma. El emprendimiento solo es amable con recursos sobrados y red social amiga. No se entiende la ayuda pública al emprendimiento de riesgo, salvo amiguismos velados, mientras se niegan ayudas de urgencia para evitar desahucios. Los conflictos de clase pueden ser eludidos si la política y la empresa miman los salarios como oportunidad para llevar la equidad a la práctica. En momentos de crecimiento, las políticas redistributivas deben animar el círculo virtuoso, recuperar la confianza general y relativizar la idea del emprendimiento como medio asegurado para el éxito y la realización vital.