EL LABERINTO CATALÁN

Europa apuesta por la conllevancia

El fallo no es una mala noticia para la investidura, si Sánchez, Iglesias y ERC son capaces de acordar medidas que permitan convivir aunque no resuelvan para siempre el litigio

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El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián; la portavoz del Grupo Socialista, Adriana Lastra, y el secretario general del Grupo Socialista, Rafael Simancas, antes de su reunión en el Congreso para la investidura de Pedro Sánchez, el martes pasado.

El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián; la portavoz del Grupo Socialista, Adriana Lastra, y el secretario general del Grupo Socialista, Rafael Simancas, antes de su reunión en el Congreso para la investidura de Pedro Sánchez, el martes pasado. / PSOE

Como todas las sentencias, la del Tribunal de Justicia de la Unión Europea responde al sentir mayoritario de una sociedad y al de sus élites. En este caso, la sociedad europea y los altos funcionarios de Bruselas. ¿A qué viene tanta sorpresa? La mayoría de los europeos y de los líderes de la UE nunca entendieron las condenas de cien años que dictó el Tribunal Supremo. Ninguno de los grandes medios de comunicación europeos comprendió las acusaciones de rebelión o sedición, y algunos expresaron públicamente su contrariedad por las condenas. Ningún cargo de la UE las celebró y, en la intimidad, más de uno expresó su asombro. Europa nunca compró el relato del golpe de Estado exhibido por el PP y Ciudadanos y buena parte de la prensa de Madrid, esta que "se merece perder Catalunya" por decirlo en palabras de Miguel de Unamuno.

Nadie debe entender esta discordancia como un apoyo a la estrategia unilateral de los independentistas, que los líderes comunitarios consideran contraria a la tradición europea. Europa nunca ha hecho suyo el relato del derecho a la autodeterminación contrario al marco legal comunitario. La UE, aunque sin decirlo abiertamente, siempre ha estado por el diálogo y, a medida que el conflicto se enconaba, la mayoría de sus líderes han apostado, 'sottovoce', por la conllevancia de la que habló José Ortega y Gasset como receta para afrontar la cuestión catalana, esto es, por medidas que permitan convivir aunque no resuelvan para siempre el litigio catalán. En esta línea se inscribe la sentencia del TJUE, que tuvo precedentes en los tribunales belgas, alemanes y escoceses.  

Fin a la idea de no intervenir

Esta actitud europea refuerza los intentos de Pedro Sánchez de llegar a acuerdos con Esquerra Republicana que resuelvan la investidura y encarrilen en un sentido orteguiano la contienda entre España y Catalunya. Europa no puede permitirse en su flanco sur un conflicto cronificado que absorba las energías necesarias para rediseñar su futuro tras el 'brexit' y afrontar las amenazas que asoman en el este. La sentencia del TJUE pone fin a la idea de no intervenir para no salir escaldados. Así lo entendió el nuevo presidente del Parlamento, David Sassolihaciendo cumplir de inmediato la sentencia.

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Por primera vez, Europa se ha metido en el laberinto catalán entrando en el mismo por la puerta de la justicia. Esta irrupción de Bruselas en el conflicto le ha permitido a Carles Puigdemont hacerse una selfi en los escaños del Parlamento Europeo, pero a medio plazo beneficia más la estrategia de diálogo que propugna Oriol Junqueras cuando sostiene que "la negociación [con el PSOE] no se tiene que parar en ningún caso". En ese sentido, la decisión del TJUE no es una mala noticia para la investidura de Sánchez. Si él y Pablo Iglesias son capaces de definir los términos de una conllevancia con Catalunya, apurando los límites de la Constitución, y si Esquerra Republicana, sin renunciar a su programa, acepta el reto, más de un mandatario y alto funcionario europeo se sentirá aliviado.