30 mar 2020

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Editorial

Torra, inhabilitado

La condena del 'president' incide en la degradación de la institución, una constante bajo su mandato

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El Periódico

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, en el Parlament.

El presidente de la Generalitat, Quim Torra, en el Parlament. / EUROPA PRESS / DAVID ZORRAKINO

En plena sacudida política y mediática por la decisión del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) respecto al caso de Oriol Junqueras, el Tribunal Superior de Justícia de Catalunya (TSJC) notificó la condena de inhabilitación de año y medio para el ejercicio de cargos electos del ‘president’ de la Generalitat, Quim Torra, por el delito de desobediencia. Torra, que ha anunciado que recurrirá al Tribunal Supremo (TS), se declaró culpable de haberse negado a cumplir las órdenes de la Junta Electoral Central (JEC) de retirar los lazos amarillos de la fachada del Palau de la Generalitat durante la campaña de las elecciones municipales de marzo del 2019.

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Dada la confesión, se trataba de una condena cantada. Si durante el juicio Torra vistió su traje activista y pronunció un alegato en el que cuestionó algunas de las normas básicas de un Estado de derecho, en su reacción tras conocer la condena insistió en tesis muy peligrosas: que el jefe del Ejecutivo se encuentra por encima de la acción de la justicia y que es víctima de un juicio político. Pidió, además, que el Parlament se manifieste en contra de la sentencia del TSJC, lo cual supone enfrentar de nuevo a la institución que representa a todos los catalanes (y no solo a los independentistas, como Torra olvida continuamente) en ruta de colisión con otras instituciones del Estado.

La poca enjundia del motivo por el que Torra ha sido condenado (negarse a retirar una pancarta que de todas formas acabó quitando, aunque tarde) no quita trascendencia al gravísimo hecho de que el ‘president’ de la Generalitat haya sido condenado e inhabilitado por la justicia. Un paso más en la degradación de la institución, sin duda el único legado que Torra dejará para la historia cuando abandone el Palau de la Generalitat tras su periplo como presidente vicario. Se abre ahora una nueva vía jurídico-política del ‘procés’: el presidente que no reconoce a la justicia española ha puesto en manos del TS su futuro político y tal vez el de la legislatura. Otra jugada maestra de Torra.