IDEAS

El cine se despide de sí mismo

Es como si los directores quisieran dejar testamento del cambio de era en sus nuevas películas

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Una imagen promocional de ’Ready player one’, de Steven Spielberg

Una imagen promocional de ’Ready player one’, de Steven Spielberg

¿Podría ser que el cine se estuviera despidiendo de sí mismo? Es curioso cómo algunas de las películas de los últimos años tienen entre algo y mucho de carta de despedida (perdón por la muletilla, pero esta vez es útil) del cine tal y como lo conocíamos. Es como si la conversación, la discusión y los interrogantes de los últimos años sobre los cambios en la manera de hacer y consumir películas encontraran su reflejo en las propias películas. Como si los directores, sobre todo los que no solo se sentían cómodos con el modelo anterior sino que jugaron un papel importante, hasta definitivo, en su definición y su historia, quisieran dejar testamento de ese cambio en sus nuevas películas.

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La idea de despedida estaba clara y explícita en 'Érase una vez en… Hollywood' (2019) de Tarantino, donde el ocaso del Hollywood dorado funcionaba como metáfora nostálgica del actual cambio de ciclo. También está en 'El irlandés' (2019), en la que Scorsese formula esa despedida desde lo íntimo, desde los personajes que le han acompañado en otra era y son tan conscientes del cambio como él. Esa confirmación del fin de ciclo está en las visitas que dos autores tan distintos como Spielberg Mike Flanagan hacen al hotel de 'El resplandor' (1980) en sus respectivas 'Ready player one' (2018) y 'Doctor Sueño' (2019): volver por última vez, aun por razones muy distintas, a un lugar que representa ese cine que se desvanece (no las películas, sino la forma de concebirlo). Y me atrevería a decir que está en la nueva versión de 'Mujercitas', que no puedo evitar percibir como el viaje al pasado (desde una perspectiva presente y conectada con la realidad) de una cineasta que sospecha que cada vez será más difícil hacer las películas como antes.

Hay algo hermoso en la idea de un cine que se despide de sí mismo, lo haga de forma consciente o no. También en esa nostalgia espontánea, quizá la única que a día de hoy tenga sentido. Y el otro día me quedé con una imagen que, de algún modo, explica la necesidad de los cineastas de incorporar ese fin de ciclo en sus historias: sentada en el metro, una mujer veía 'El irlandés' en el iPhone.