22 feb 2020

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En busca de una solución

Oriol Junqueras en una imagen de archivo.

JULIO CARBÓ

Ganará quien lidere las mayorías más amplias

Joan Tardà

La hoja de ruta que debatirá el congreso de ERC propone un frente amplio de las fuerzas favorables al referéndum

No por sabido hay que dejar de decir que la historia no avanza con un movimiento uniforme. En algunas coyunturas, la aceleración es tan extrema (prueba de ello es el hecho de que la misma ciudadanía catalana que en el año 2006 votó 'sí' en el referéndum del Estatut recortado en las Cortes por el cepillo de Guerra poco tiempo después gritaba independencia) que cuando un conflicto entra en la larga y empinada fase de resolución hay quien concluye erróneamente que se retrocede. Nada más falso, hoy entre el 70% y el 80% de la población catalana defiende un referéndum de autodeterminación, razón por la cual la construcción de una 'solución' basada en el principio democrático, para un nuevo encaje o para la separación de Catalunya respecto del Estado español, es insoslayable.

Pedro Sánchez se tiene que ver obligado a aceptar que se trata de un conflicto político y no convivencial y deberá aceptar un diálogo sin condiciones. Sin embargo, nadie puede afirmar, a estas alturas, cuál será la forma que adoptará en los próximos tiempos la 'solución' al conflicto Catalunya-España porque solo estamos en la fase en que las fuerzas políticas y los movimientos sociales encaran el nuevo escenario que abrirá tanto el posible gobierno PSOE-Unidas Podemos como el que comandará Catalunya después del próximo ciclo electoral catalán.

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En todo caso, como que la 'solución' deberá terminar siendo imprescindiblemente validada por las urnas, sería un inmenso error que ahora fuera diseñada bajo el signo de la exclusión. Efectivamente, el nuevo Estatut que propone Miquel Iceta solo podrá aspirar a legitimarse como iniciativa si no pretende excluir la que provenga del campo soberanista -independentista o no- en modo de referéndum de autodeterminación. Y viceversa.

En consecuencia, el diálogo y la negociación solo podrán avanzar si crece la cultura política del no bloqueo. Porque es completamente evidente que ni se puede expulsar de la 'solución' a la opción autonomista presente en una buena parte de la ciudadanía catalana ni la favorable a un referéndum de autodeterminación, hoy mayoritaria.

Por otra parte, es innegable que la cuestión catalana ha puesto sobre la mesa los déficits democráticos del marco de libertades surgido de la Transición. Por ello, la existencia de un Gobierno socialista con presencia de Pablo Iglesias podría suponer un paso adelante. Tan cierto como que no presupondrá que se supere fácilmente la cultura política española de la negación del Estado plurinacional y de rechazo a la autodeterminación, fundamentada en la idea de que el Estado español tiene 500 años de historia y fue producto del consentimiento voluntario de los catalanes. No hay que esperar, pues, la desaparición repentina de un omnipresente pensamiento nacionalista español retroalimentador del anticatalanismo (o quizás catalanofobia marca Lambán/Page, que considera a Iceta supremacista). Ni tampoco sería bueno creer que, a raíz de la sentencia de Luxemburgo, la rectificación de la justicia española, vulneradora de derechos civiles, caerá por su propio peso. A la inversa, se resistirán a ello y tal vez se bunquerizarà, como ya parece que ha decidido la Fiscalía General.

El republicanismo que encabeza Oriol Junqueras tiene la voluntad de asumir sin complejos un papel de liderazgo

Construir la 'solución' será, pues, un reto extraordinario para la sociedad, pero también de manera imperativa para la clase política, atrapada por intereses de todo tipo relacionados con el miedo a la demoscopia y a la pérdida de cuotas de poder, y cautiva, al mismo tiempo, de prejuicios en relación a los adversarios. Lo que ya es evidente es que la batalla ideológica entre los autonomistas/federalistas, por un lado, y los soberanistas/independentistas, por otro, saldrá ganador quien sea capaz de conformar la mayoría más amplia. En definitiva, quien sepa formular el relato y las propuestas que más y mejor se adecuen a las aspiraciones de la sociedad catalana. Es decir, triunfará quien sea percibido como la parte más importante de la 'solución'.

De ahí la importancia del Congreso Nacional que el sábado celebrará en Barcelona ERC, donde se pondrá a votación la hoja de ruta de un proceso de construcción de la República basado, también, en la creación de mayorías democráticas más extensas, a la manera de un frente amplio, que integren el conjunto de las fuerzas políticas favorables a un referéndum al margen de su posición en cuanto a la independencia. En definitiva, poner en valor la voluntad desacomplejada de asunción, por parte del republicanismo que encabeza Oriol Junqueras, de un papel de liderazgo.

En definitiva, cambios en España y mayorías más amplias, parlamentarias y gubernamentales, en Catalunya, conformadas por los partidos favorables a alcanzar un escenario de referéndum. Es decir, más progresismo allí y más progresismo aquí.