09 abr 2020

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Tras la COP25

Una manifestante por la emergencia climática, el pasado viernes, en Madrid.

AFP / PIERRE-PHILIPPE MARCOU

Ansiedad climática

Ester Oliveras

La actuación individual puede ser necesaria, pero no es suficiente

La necesidad de explicar a niños y niñas las consecuencias del cambio climático ha sido una constante en los foros de educación de la COP25 que finalizó hace unos días. Enseñar sobre las adaptaciones que deberemos implementar las sociedades, y las posibles medidas de mitigación. Una de las preocupaciones entre las personas educadoras es como evitar generar excesiva ansiedad en los menores ante cambios que, realmente, están fuera de su control. El antídoto, dicen, pasa por el empoderamiento de decidir en pequeñas acciones personales tales como reciclar correctamente y no consumir compulsivamente. Quizás estas actividades sirvan como remedio a la ansiedad, pero su efecto en el cambio climático es muy pequeño.

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Precisamente, esta es una de las premisas del movimiento Fridays for Future. La actuación individual puede ser necesaria, pero no es suficiente. Hacer recaer en la responsabilidad individual la evolución del cambio climático es un marco mental en el que la sociedad no debería caer. Aunque toda la población empezara a reciclar mañana todos los plásticos que consume, no cambiaría en nada la predicción de aumento de temperatura, ni la subida del nivel del mar. El cambio pasa por la transición energética y la descarbonización de la economía y, en esto, directamente, poco podemos aportar los usuarios de a pie. Por ello, es mejor, dedicar esfuerzos a elegir y presionar personas que sean valientes para aprobar medidas incómodas. Más Gretas removiendo conciencias, y algo de atención a las elecciones de consumo personales. Denunciar y visibilizar las muertes debidas a la contaminación de las ciudades, a los golpes de calor, y al aumento de las catástrofes naturales.

Lo que sí que está demostrado que funciona es una legislación estatal, por encima de normativas locales o regionales. Existen estudios e indicadores fiables que vinculan la reducción de emisiones a la existencia de legislación estatal. En este sentido, el proyecto de ley sobre cambio climático y transición energética será, sin duda, uno de los primeros puntos del nuevo gobierno. Una propuesta ambiciosa que deberá ir acompañada de un plan industrial para que pueda desplegarse adecuadamente. Además, quizás deberá alinearse con el Green Deal anunciado por la Unión Europea y comprometerse a la neutralidad para el 2050.

Quizás estos esfuerzos a nivel estatal o incluso a nivel de la Unión Europea pueden considerarse pequeños, y más cuando algunos de los países más contaminantes del mundo se están quedando al margen. Nos abrimos a la posibilidad de que algunas empresas deslocalicen sus fábricas a países medioambientalmente más permisivos y que les permitan ser más competitivas. Paradójicamente, podemos acabar teniendo paraísos fiscales e infiernos medioambientales. Aun así, la visión de que la Unión Europea sea la primera economía que funcione sin la emisión de gases invernadero es un deseo bonito para estas fiestas. Que se convierta en la primera potencia mundial en la lucha contra el cambio climático y que se reafirme la calidad de vida de sus habitantes. Esta es mi carta a los Reyes Magos.