25 may 2020

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EL BARÇA-MADRID

Cartel publicitario de Tsunami Democràtic, en Barcelona.

EUROPA PRESS

Política y fútbol

Andreu Pujol Mas

Sería más honesto que los abanderados de la neutralidad explicaran que lo que no les gusta es el contenido de la protesta de Tsunami Democràtic

Los puntos de encuentro entre política y fútbol son tan evidentes y tan antiguos que incluso da risa que haya gente que estos días aparenta que los acaba de descubrir. Resultará que los estadios son una especie de templos que no pueden ser profanados con las veleidades mundanas de lo público, unos espacios inmaculados, abstraídos de la realidad terrenal.

Todo esto se debe a que en el Estadio de Vallecas se ha suspendido un partido cuando los aficionados del Rayo han acusado de "nazi" a un jugador rival con evidentísimas conexiones y simpatías ultraderechistas y, sobre todo, porque Tsunami Democràtic ha convocado una protesta independentista en el Camp Nou, aprovechando la visibilidad internacional del Barça-Madrid.

A estas alturas no haría falta explicar que, con todos los matices que se quiera, hay equipos de fútbol que tienen unas connotaciones políticas determinadas. Que en Glasgow no es lo mismo ser de los Rangers que del Celtic, que el West Ham londinense tiene una pátina obrerista y que a la afición del Sankt Pauli de Hamburgo se le presupone una tendencia progresista.

También sabemos que en 1925 se clausuró el estadio de Les Corts por una sonora pitada al himno español, que en la final de copa de 1919, celebrada en Madrid, se repartían panfletos acusando a los jugadores del Barça de "separatistas fanáticos enemigos de los españoles" y que en el Camp Nou ondeaban banderas que en la calle estaban prohibidas.

Está claro que el fútbol es solo un deporte, pero es un juego que se practica en el contexto de un barrio, de una ciudad, de un país concreto, incluso cuando aparenta ser neutral. Como explica el catedrático británico Michael Billig en su célebre ensayo 'Nacionalismo banal' -en el que reflexiona sobre la sutilidad del nacionalismo de estado- el deporte siempre es un "nosotros", "nuestras victorias" y "nuestros héroes". 'La Roja' y los triunfos europeos del Madrid no son una excepción.

La diferencia entre el comunicado de Tsunami llamando a la manifestación pacífica y la mascota Naranjito del Mundial de 1982 radica en su relación con el poder: uno es incómodo porque cuestiona, mientras que el otro parece inocuo porque refuerza lo establecido. No se trata, pues, de no mezclar política y deporte, sino de mezclarlo en el sentido considerado correcto por los que tienen la sartén por el mango. 

Reyes e himnos

Así, Tsunami Democràtic no es nadie para "manchar" una práctica deportiva con el independentismo o los aficionados del Rayo no están autorizados para "ensuciar" un partido expresando su aversión a la extrema derecha, pero las finales pueden ser presididas por un monarca que tampoco tiene ninguna relación con el balón y es obligatorio escuchar un himno estatal a los decibelios que sea necesario.

Sería más honesto, bastante más sincero, que estos abanderados de la neutralidad que hoy se prodigan en todo tipo de tribunas explicaran que lo que no les gusta es el contenido concreto de la protesta, pero esto evidenciaría su autoritarismo y sería poco elegante.