11 ago 2020

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Tenso debate

Infancias trans y polémicas feministas

MONRA

Infancias trans y polémicas feministas

Gemma Altell

El feminismo radical defiende la vigencia del sujeto mujer como categoría social y de opresión mientras que el transfeminismo amplía ese sujeto a otras personas (no solo mujeres cis)

Como mujer CIS (no trans) -heterosexual hasta el momento- y privilegiada en muchos sentidos, comparto algunas reflexiones acerca de la polémica suscitada tras la aparición de la niña trans (Elsa) hace unos días en el Parlamento extremeño defendiendo la legislación que mejora las condiciones vitales de las personas trans. Por otro lado, el comunicado emitido por el Partido Feminista. Una vez más -y por desgracia, desde mi punto de vista- nos enzarzamos en descalificaciones al más puro estilo patriarcal.

Extremadura plantea legislar sobre la transexualidad con un enfoque progresista (próximo a las tesis transfeministas) que tiene la voluntad de despatologizar la transexualidad concretando acciones muy pioneras como permitir el cambio del nombre de nacimiento por el “nombre sentido” en la tarjeta sanitaria de las personas trans o la autorización para intervenciones quirúrgicas sin un periplo de pruebas psicológicas y psiquiátricas (como ha sido hasta ahora) que legitimaran las intervenciones a partir del reconocimiento de la presencia de un trastorno de la identidad sexual.

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Hasta ahora se entendía que el hecho de nacer con pene debía ir necesariamente vinculado a “sentirse hombre” y nacer con vulva significaba “sentirse mujer”. Con todas las dudas que se me plantean acerca de qué significa sentirse hombre o mujer. Vivimos en un mundo que necesariamente entiende como enfermo a todo aquel que no responde a una de las dos categorías por antonomasia, y ese 'responder' implica alinearse en todo: gustos, emociones, actitudes, sueños… En este caso, Extremadura pretende que las personas puedan decidir libremente -entendiendo que forma parte de la libertad individual- qué forma toma su cuerpo. En este punto, el caso de los niños y niñas menores de 18 años reaviva las posiciones del partido feminista (llamado también feminismo radical) que objeta de forma virulenta sobre la decisión exclusiva de los menores y familias en torno a la hormonación sin una mirada profesional de por medio.

El sujeto político del feminismo

Esta polémica va mucho más allá y está presente desde hace muchos años. El planteamiento de fondo entre las dos corrientes se centra en cuál es el sujeto político del feminismo. El feminismo radical defiende la vigencia del sujeto mujer como categoría social y de opresión mientras que el transfeminismo amplía ese sujeto a otras personas (no solo mujeres cis) que pueden estar en situación de opresión en la medida que la construcción de género nos oprime a todos y todas cuando nos apartamos de la norma social. Es decir, que la desigualdad estructural no afecta solamente a las mujeres sino a todas aquellas personas que no viven o sienten tal como la sociedad patriarcal determina.

Llegadas a este punto, introduzco algunas reflexiones. Si nos marcamos como objetivo llegar a una sociedad futura donde el género se desdibuje en términos de categorías y se desmarque de los genitales con los que nacemos, ¿no sigue siendo esencialista favorecer la hormonación a edades tempranas entendiendo que alguien solo se puede sentir mujer u hombre si lo reflejan las formas corporales? ¿No es una vez más esencialista buscar que cuerpo e identidad coincidan? Es cierto que no es fácil sustraerse a la presión social por pertenecer a una categoría pero ¿no sería más conveniente desmontar la norma de género en sí misma? La corriente más 'biologicista' del movimiento trans me resulta, hasta cierto punto, desconcertante.

La lucha común

Por otro lado, y respecto al feminismo radical, defender que solamente las mujeres como categoría pueden ser objeto de opresión ¿no remite también a una mirada esencialista que pretende poner en valor a las mujeres por las pretendidas características que nos diferencian de los hombres? ¿Cuáles son estas? Es evidente para mí que el foco sigue estando en la legitimidad y la imposición patriarcal de la norma social y la superioridad del universo simbólico masculino por encima del femenino y, por supuesto de los hombres. Esta debería ser la lucha común.

Entiendo el feminismo como una forma de entender el mundo respetando y observando que una verdad -que es necesariamente poliédrica- se construye a partir de pedazos de verdades defendidos por distintas personas. Creo en defender derechos frente a quien pretende recortarlos. Aquí debemos estar unidas. Creo en mujeres y también en hombres que intentan, día a día, hacer de este mundo un lugar más habitable para todes (inclusivamente).

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