25 oct 2020

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Lotería de Navidad

Alegría por el gordo de la Lotería de Navidad en una administración de Madrid.

EFE / JAVIER LIZÓN

El gordo sí que toca

Juli Capella

De repente se armó un gran revuelo, habían cantado el primer premio y, ante mi estupefacción, coincidía con uno de nuestros boletos

Había salido de marcha la noche anterior y tenía resaca. Me despertó temprano la cantinela de los chicos de San Ildefonso con su verborrea de cifras cantadas. Y no sé cómo, se me ocurrió ponerme en pijama delante de la tele con las participaciones de la Lotería que teníamos en casa. De repente se armó un gran revuelo, habían cantado el Gordo y, ante mi estupefacción, coincidía con uno de nuestros boletos. Como era consciente de que el Gordo nunca te toca, me quedé pasmado e inmóvil. Hasta que al poco rato volvieron a decir que el 40.286 había sido agraciado con el Gordo. Ahora sí, pegué un bote y llamé a mi madre, que estaba trajinando en la cocina.

Al poco rato salía en directo por la tele su hermano, mi tío sacerdote, mosén Joan Samper, oficiando impertérrito cinco bodas esa mañana. El premio había tocado en la parroquia de Nuestra Señora de Fátima en Canovelles. Fue en 1979, se cumplen ahora 40 años. El premio de 5.800 millones de pesetas fue muy repartido entre la gente humilde de esta población de inmigrantes extremeños y andaluces, muchos en paro. Alegró y alivió a mucha gente. La parroquia construyó una guardería, un centro social y se solventaron con gran generosidad muchas urgencias del barrio. Pero también hubo una cara B del Gordo, se despilfarró en cochazos que a los pocos años estaban destartalados, aumentaron los bares de alterne, hubo estafas, envidias, separaciones, riñas, negocios fallidos e incluso un secuestro que acabó en tragedia.

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Yo saqué de esta experiencia medio millón de pesetas y dos conclusiones, que el Gordo sí que toca a alguien –a mí ya nunca más, claro– y que a los pobres, encima, les cuesta gestionar el dinero cuando les llega de golpe. No saben usarlo por falta de experiencia. "Rico y de repente", dice el refranero, "no puede ser sanamente". Que se lo digan a Carlos Fabra, a quien ha tocado nueve veces la lotería. Es la maldición del dinero. Según Paul Getty, “cuando no se tiene dinero siempre se piensa él. Cuando ya se tiene, solo se piensa en él.”