19 sep 2020

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Dos miradas

Un fotograma de ’Foodie love’, la serie de Isabel Coixet

Coixet y el placer

Emma Riverola

Necesitamos más cobijos como 'Foodie love', de Isabel Coixet, del ávido y eterno presente que nos atrapa

Isabel Coixet ha estrenado su primera serie. Es diferente. Es única. Y es magnética. No solo por su sugerente guion. O por el magnífico trabajo de sus actores. O por el preciosismo de cada minuto. O por el derroche de placer -placeres- en cada uno de los ocho capítulos. Es hipnótica porque crea un refugio. Un amparo hecho de piel y confidencias.

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La relación entre los dos protagonistas de ‘Foodie love’ empieza con una aplicación. A partir de ese momento, el móvil solo es un medio para provocarse, confesarse, reírse, bailar, dejarse llevar por la frivolidad o adentrarse en el alma. Solo dos personas. Su hedonismo y sus heridas. Sus contradicciones y sus consuelos. Humanidad en estado puro. Entre susurros, risas y neones rojos recordamos que estamos hechos de carne y de sueños. También de los rotos. Este es el regalo de esta comedia agridulce. Como un buen libro, como una música conmovedora, como todos los refugios que nos protegen del bombardeo de inmediateces que nos anestesia, de esa banal superficialidad que solo invita a deslizarse. Necesitamos más cobijos de este ávido y eterno presente que nos atrapa.