13 ago 2020

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La clave

Fans de Estopa en la primera fila del con cierto del grupo en el Palau Sant Jordi, este sábado.

JORDI COTRINA

#SeatEstopa

Albert Sáez

Las marcas necesitan compartir historias con sus clientes para superar la promiscuidad digital

Cuando Seat estornuda, Catalunya se constipa. La hipótesis de que la multinacional de Martorell pierda a su disruptivo presidente, Luca De Meo, aún tardará en despejarse, como ha explicado Xavier Pérez. Sería una muy mala noticia para Barcelona y para Catalunya, un auténtico catarro en tiempos de incertidumbre. De Meo ha puesto patas arriba la compañía gracias a su enorme capacidad para entender el espíritu de este tiempo que le ha llevado a encabezar la transición al coche eléctrico y, lo que es más importante, a colocar a un fabricante de automóviles en una categoría más amplia: la de la movilidad. Uno de los hitos del mandato de De Meo fue su iniciativa de implicar a "los incondicionales de Seat" en la elección del nombre de los modelos de la marca. Así nació el Tarraco. Las marcas necesitan hoy más que nunca afianzar los vínculos con sus clientes porque lo digital es sinónimo de promiscuidad, también en el consumo. Por eso necesitan establecer lazos afectivos a través de historias compartidas. 

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Cómo explicó Abel Lacruz en una espléndida contracrónica del primer concierto de Estopa en el Sant Jordi, en los coches pasan muchas cosas. Por ejemplo, que padres e hijos compartan gustos musicales y forjen vínculos gracias a la rumba de los hermanos Muñoz que, por cierto, se hicieron músicos para dejar de hacer turnos en una de las proveedoras de la fábrica de Martorell como narran en una de sus primas canciones: Pastillas de freno. Con todos estos elementos encima de la mesa, igual no sería ninguna tontería que De Meo se plantee proponerles a los incondicionales de la marca que el próximo modelo se llame #SeatEstopa como doble homenaje al triunfo de unos chavales que empezaron en una cadena de montaje y que han acabado uniendo generaciones al ritmo de rumba en los coches familiares. Sería, sin duda, una gran historia, capaz de emocionar a miles de personas como lo han hecho estos dos conciertos en el Sant Jordi en los que se encontró consigo misma la Catalunya real, esa que tipos como Quim Torra no tienen la más remota idea de que exista. Esa es la diferencia con los líderes como De Meo.  

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