04 jun 2020

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LAS CUENTAS CATALANAS

Los equipos negociadores del Govern y Catalunya en Comú-Podem, este lunes, 16 de diciembre.

EUROPA PRESS / PAU VENTEO

Olor a tripartito

Andreu Claret

El acuerdo entre ERC y 'comuns' recuerda que también existe un eje izquierda/derecha en la política catalana, una idea que el 'procés' había abolido

De un tiempo a esta parte, para interpretar la política catalana hay que tener un ojo en Bruselas y otro en Madrid. En esta situación cada vez más italiana, si por italiano se entiende la complejidad que tiene la política desde los tiempos de Maquiavelo, se ha producido este lunes un acontecimiento que puede parecer menor, pero que tiene su importancia: un primer acuerdo entre Esquerra Republicana y los 'comuns' sobre los presupuestos de la Generalitat para el 2020.

Este acuerdo entre los republicanos y los socios de Podemos constituye un pequeño paso para la estabilidad política en Catalunya y un gran paso para la investidura en España, podríamos decir, parafraseando a Neil Armstrong, en la medida en que constituye una buena noticia para Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. Y una noticia de alcance para Ada Colau, que también puede necesitar a ERC para aprobar los presupuestos de Barcelona.  

Si no fuera por la significación política que tiene el acuerdo, las decisiones acordadas no tendrían tanta transcendencia a pesar de la retórica con la que Pere Aragonès las ha presentado: unos presupuestos más progresistas, más verdes y más justos. Efectivamente, aunque las propuestas de incremento de impuestos para los que más tienen son moderadas, recuerdan que también existe un eje izquierda/derecha en la política catalana, una idea que el 'procés' había abolido.

Se podrá discutir, como lo hará la oposición, si los tramos del IRPF afectados son los correctos, y si la recuperación del impuesto sobre sucesiones permitirá recaudar lo que se pretende, pero la reacción más significativa ha sido la de los seguidores de Carles Puigdemont, que han dicho enseguida que no es lo que ellos hubieran hecho. Junts per Catalunya no votará en contra porque (por ahora) no le interesa poner en un brete al Gobierno de Quim Torra, pero la medida no le gusta porque penaliza a una parte de sus electores.

Para Catalunya, es un pequeño paso, porque solo se refiere a los ingresos, y porque la estabilidad no depende solo de los presupuestos. Pende de lo que ocurra en Madrid y en Bruselas y, en particular, de lo que decida Puigdemont a partir de las resoluciones que adopte el Tribunal de Justicia de la Unión Europea en los próximos días.

Sin margen de maniobra 

Para la estrategia que persigue, ningún acuerdo entre ERC y los 'comuns' es, para él, una buena noticia. Como no lo sería un acuerdo de investidura, aunque al final puede que no se oponga por razones de oportunidad. Los presupuestos que se insinúan en este primer acuerdo no son los suyos, pero sabe que tiene poco margen de maniobra mientras cualquier mayoría alternativa necesite de la CUP, que sería aún más exigente. Es lo que tiene gobernar representando el centroderecha y haberse apoyado en una parte de la izquierda desde que empezó el 'procés'.

Además, si algo caracteriza a Puigdemont es la desconfianza. Y por mucho que Aragonès y Jéssica Albiach hayan jurado que el acuerdo no tiene nada que ver con las negociaciones para la investidura, o con los presupuestos de Barcelona, para él tiene un insoportable olor a tripartito