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Editorial

Nuevo paso en el espacio posconvergente

El problema no es de nombres, sino de quién ostenta el poder entre los sucesores de Convergència

El Periódico

Jordi Puigneró, Àngels Chacón, Miquel Buch y Meritxell Budó, este sábado durante el consell nacional del PDECat.  

Jordi Puigneró, Àngels Chacón, Miquel Buch y Meritxell Budó, este sábado durante el consell nacional del PDECat.   / ACN / BERNAT VILARÓ

La reorganización del espacio posconvergente ha vivido este fin de semana un nuevo episodio, que está lejos de ser el último. El Consell Nacional del PDECat ha decidido por gran mayoría, un 86% de los votos, cambiar de nombre y pasarse a llamar Junts per Catalunya, marca con la que ya se presenta a las elecciones, pero sin disolverse como partido. Esta aparente contradicción significa que el problema no es de nombres, sino de quién ostenta el poder entre los sucesores de Convergència. En las reuniones de viernes y sábado se impusieron los contrarios a los independientes fieles a Carles Puigdemont y partidarios de mantener la estructura y la organización del PDECat, por su fuerte implantación en el territorio, pero aceptando el liderazgo del 'expresident' residente en Waterloo.

Los más fieles al puigdemontismo, sin embargo, son favorables a la disolución del PDECat y su sustitución por una gestora que dirija la transición hacia un nuevo partido unido surgido del actual PDECat, de Junts per Catalunya y de la Crida, el instrumento creado por el expresident para superar lo que en su momento definió como instrumentos caducos –los partidos— y reunir todo el independentismo bajo un mismo paraguas. La Crida, que nació con gran fanfarria mediática, ha demostrado hasta ahora su ineficacia y se ha ido diluyendo progresivamente.

Pese a la victoria de los moderados de Junts per Catalunya, la última palabra no ha sido aún dicha y dependerá de la posición que adopte finalmente Puigdemont y de decisiones ajenas, como la que debe tomar el día 19 la justicia europea, que puede aceptar la inmunidad de Oriol Junqueras como eurodiputado y, consecuentemente, también la del expresidente de la Generalitat.

La reorganización del espacio posconvergente estará también pendiente de si los más moderados, purgados por Puigdemont en las listas al Congreso de los Diputados, deciden formar un nuevo partido para tratar de atraer al electorado más tradicional de la antigua Convergència que quedó huérfano cuando se desmanteló el partido hegemónico del catalanismo conservador.