Estas elecciones no son el final del camino

Boris Johnson adelantó los comicios para desencallar el 'brexit' pero esto no es el final del tortuoso camino iniciado hace tres años

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El primer ministro británico, Boris Johnson, saluda a su llegada a su colegio electoral en el centro de Londres.

El primer ministro británico, Boris Johnson, saluda a su llegada a su colegio electoral en el centro de Londres. / DANIEL LEAL-OLIVAS (AFP)

Incapaz de conseguir el aval del Parlamento al acuerdo para salir de la UE que negoció con los Veintisiete, Boris Johnson convocó  elecciones legislativas anticipadas con las que espera sacar al Reino Unido del interminable y enredado laberinto en el que se encuentra desde junio del 2016, cuando los británicos votaron  a favor de abandonar el club comunitario. Tras tres años agónicos, Boris Johnson ha logrado de las urnas un claro mandato para ejecutar el 'brexit' el 31 de enero, en los términos acordados con la UE.

El objetivo de las elecciones no era otro que desencallar este asunto y  pensando en ello han votado los ciudadanos. La salida o no de la Unión es la preocupación número uno para el 68% de los británicos, por delante de otros asuntos como el deterioro del sistema público de salud o el empobrecimiento del país, tras una década de austeridad y del coste que está teniendo la incertidumbre asociada a la salida de la UE sobre la economía del país, con una caída del PIB del 2,5%  en los tres últimos años.

 El mantra de Johnson

Pero pese a ello, estas elecciones no han sido un referéndum sobre la UE por mucho que Johnson se pueda sentir legitimado y se disponga a pisar el acelerador, se regale la ley del 'brexit' antes de Navidad para poder a romper el matrimonio con Bruselas el próximo 31 de enero. Con una mayoría absoluta más que sobrada, tiene de antemano el aval del Parlamento un apoyo que en tres ocasiones le negó a su antecesora, Theresa May. Con el mayor triunfo para los conservadores a sus espaldas desde la era de Margaret Thatcher, Johnson tampoco debería tener problemas para contener al ala más dura de su partido. Los británicos han hablado claro y le han dado un apoyo sin fisuras.

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No son un referéndum ni tampoco estas elecciones son el final del tortuoso camino iniciado por los británicos. La futura relación comercial de Londres con la UE es todavía un libro por abrir. En el momento en que el matrimonio se rompa, se iniciarán complejas negociaciones para fijar la nueva relación. Deben estar finalizadas en un año, cuando acaba el periodo de transición. Un plazo imposible porque lo normal es que se tarde varios años en cerrar un tratado comercial.

Y así, todo volverá a empezar cuando se cierre un libro y se abra otro: las prisas, los ultimátum, las incertidumbres.  Si el 'brexit' habrá sido un acierto o no para los británicos, el tiempo lo dirá y dependerá en buena medida del acuerdo que logre cerrar con la UE, su principal mercado. Pero hasta hoy todo ha sido un despropósito.  Descomunal.