17 feb 2020

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Las negociaciones PSOE-ERC

El primer secretario y diputado por el PSC, Miquel Iceta, durante una intervención en el Parlament de Catalunya.

Ricard Cugat

En boca cerrada no entran moscas

Sergi Sol

La principal responsabilidad es del que reclama la investidura y, por tanto, a este corresponde ganarse la confianza asumiendo con claridad riesgos y compromisos

El ‘tenim pressa’ ha sido una de las ansiedades de la historia reciente del independentismo, muy ligado a la mutación del grueso del nacionalismo devenido independentista en un abrir y cerrar de ojos. Eso llevó a quemar etapas a ritmo vertiginoso. Y por eso Artur Mas provocó elecciones en el 2012, prometiendo el reino de los cielos para arrollar en las elecciones.

A saber si las negociaciones entre el PSOE y ERC llegarán a buen puerto. Uno de los que más se juega en esta coyuntura diabólica es Pedro Sánchez. Será el temor reverencial a la derechona lo que le empuja a hablar más de la cuenta cuando debería saber que en boca cerrada no entran moscas.

Gabriel Rufián se lo puso fácil, tanto que se llevó guantazos de las huestes más apasionadas, amén de otros que querían sacar tajada. Sánchez, como Mas en el 2012, se la jugó y se la pegó. El gesto veloz de sellar un acuerdo exprés con Podemos indicaría que ha tomado nota. O no. Hay quién cuando toca fondo hace todo lo posible para salir del atolladero. Pero también los hay que siguen cavando.

El acuerdo con ERC le exige al PSOE arremangarse y aguantar las presiones de una derecha casposa. Y al revés. También ERC debe sostener la presión de la variopinta coalición que compite, a su vez, en protagonismo y pureza. Pero que coincide en pinzar a ERC, aleccionando pese a que tampoco se sabe exactamente qué partido han empatado.

A menudo, en Catalunya, el independentismo percibe el PSC como una calcomanía del PSOE. Y si bien es cierto que este PSC dista mucho de ser el de Pasqual Maragall, la realidad es más compleja. Es posible que si las negociaciones para la investidura española fuesen entre el PSC y ERC, fueran más fructíferas. En manos de Miquel Iceta el pragmatismo toma otro cariz. Sólo hay que ver la maestría con la que el primer secretario del PSC supo conducir las negociaciones para desbancar a Maragall de la alcaldía de Barcelona y para encarrilar la presidencia de la Diputación con Núria Marín al frente. Lo importante era -la prioridad por lo menos- impedir que ERC presidiese la segunda y la tercera institución del país. Y salió con nota del envite dejando a los republicanos traspuestos y sin novia. Tan certero fue Iceta que no duda en sacar pecho desde la tribuna de oradores del Parlament. Cuando Cs interpela a Iceta por el pacto de la Diputación con los de PuigdemontIceta responde con vehemencia y seguridad ante una bancada convergente que agacha la cabeza y silba como si no fuera con ellos.

Iceta, lo de la Diputación le ha salido por calderilla. Gratis, por utilizar el lenguaje al uso. Pero en el Ayuntamiento tuvo que ceder la alcaldía para lograr su propósito. Pues eso es lo que debe saber imitar Pedro Sánchez si quiere ser presidente. Asumir sin miedo un acuerdo que sea aceptable para unas gentes que es normal que no tengan como prioridad en la vida hacerle presidente a él teniendo al suyo, amén de otros compañeros y compañeras, en la cárcel. No piden peras al olmo. Pero tampoco está el patio para aguantar bravatas de patriotismo constitucional. Poco a poco y buena letra. Prisa mata, amigo Sánchez. La principal responsabilidad es del que reclama la investidura y, por tanto, a éste corresponde ganarse la confianza asumiendo con claridad riesgos y compromisos.