Ir a contenido
Boris Johnson hace campaña con su padre, el sábado en Londres.

Europa Press

Lealtad al partido o lealtad al país

Rosa Massagué

Destacados 'torys' como John Major o Michael Heseltine piden no votar a Boris Johnson

Ver a un destacado miembro del Partido Conservador pidiendo el voto para los candidatos rebeldes que fueron expulsados del partido y que concurren a las elecciones del jueves como independientes, es, cuando menos, chocante. Si el personaje es tan destacado que incluso ha sido primer ministro durante siete años, su llamamiento al voto anti-Boris Johnson es aun más singular. Sin embargo, esto es lo que ha hecho John Major, un político que desde que abandonó Downing Street en 1997 se ha mantenido al margen del debate político y que ante el riesgo de que las urnas den licencia para la ejecución del' brexit' duro, ha saltado a la palestra contra la dirección ‘tory’.

Major había sido derrotado de forma aplastante en aquellas postrimerías de siglo por el laborista Tony Blair que llegó arrollando con la ‘tercera vía’. Dos décadas después, quienes fueron adversarios políticos son hoy aliados en la causa para evitar la victoria de los ‘brexiters’ duros dispuestos a sacar al Reino Unido de la Unión Europea el 31 de enero sin posibilidad de una segunda votación.

El eje político derecha/izquierda se diluye lentamente en muchos países con la aparición de otros opuestos. En el Reino Unido, el ‘brexit’ es el enterrador, al menos coyunturalmente, de aquel eje. El tacticismo a la hora de votar se impone como nunca antes. Con un sistema bipartidista, en un país donde la pertenencia a una determinada clase social ha sido electoralmente determinante, la movilidad del voto era muy limitada.

No es que los británicos hayan sido monolíticos en las urnas. Siempre ha habido trasvase, pero normalmente ha sido como protesta y el voto enfadado ha ido hacia el pequeño tercer partido, ya fuera el histórico Partido Liberal, el efímero Partido Socialdemócrata o ahora los Liberal Demócratas.

El voto del sur de Inglaterra

Blair rompió momentáneamente el esquema cuando entendió que para ganar unas elecciones tras años de sangrantes derrotas del laborismo tenía que buscar el voto conservador del sur de Inglaterra. La estrategia dio diez años de dominio socialdemócrata, pero la fórmula se agotó para regresar a los bloques clásicos. El tacticismo es ahora la última oportunidad para detener el ‘brexit’ duro.

Los sondeos apuntan a una victoria conservadora, pero las llamadas de los partidarios del voto útil para mantener abierta la posibilidad de que los británicos puedan decidir en las urnas sobre el acuerdo para la salida de la UE se multiplican. Ante un sistema que da la victoria al candidato que logra el mayor número de votos en su circunscripción mientras se pierden los de los demás aspirantes, el tacticismo llama a votar al candidato con mayores posibilidades de derrotar al aspirante conservador.

Se trata, como ha asegurado Michael Heseltine, de escoger entre la lealtad al partido y la lealtad al país. Él ha optado por la segunda anunciando su voto a los liberal-demócratas. Y no se trata de un político cualquiera. Es un ‘tory’ con un gran pedigrí, con una carrera ministerial de 25 años y una afiliación al Partido Conservador que se remonta a 1955, cuando Winston Churchill era primer ministro.