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Editorial

Waterloo lanza un aviso a ERC

El puigdemontismo sigue lejos de la realidad, instalado en el legitimismoy la unilateralidad

El Periódico

Borràs, Torra, Puigdemont y Batet, en Bruselas.

Borràs, Torra, Puigdemont y Batet, en Bruselas. / EFE / LEO RODRÍGUEZ

El expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont y su sucesor, Quim Torra, se reunieron este lunes con los diputados y senadores de Junts per Catalunya (JxCat), que viajaron a Bélgica para tratar de la estrategia del puigdemontismo ante dos hechos políticos relevantes: la investidura de Pedro Sánchez y la probable aparición de un nuevo partido en el espacio posconvergente. Frente a la posible abstención de ERC en la investidura, un acuerdo que parece que se retrasa hasta enero, JxCat advierte que no puede haber ninguna solución al conflicto catalán sin la participación del grupo independentista mayoritario en el Parlament y reclama su participación en cualquier pacto. Sin embargo, esta demanda tiene más de advertencia a ERC y de intento de obstrucción de las negociaciones en curso que de otra cosa porque el puigdemontismo sigue lejos de la realidad, instalado en el legitimismo y en la unilateralidad.

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Prueba de ello es la insistencia en la reclamación de un mediador internacional entre los gobiernos de Catalunya y de España o la pretensión de que Puigdemont sea de nuevo el candidato a la presidencia de la Generalitat en caso de que se celebren nuevas elecciones, que, por otra parte, los portavoces del grupo parlamentario siguen negando que vayan a convocar. Es un gesto hacia la galería más porque, aunque Puigdemont obtuviera el próximo día 19 la inmunidad como eurodiputado por sentencia judicial, tendría que abandonar el Parlamento Europeo para aspirar a la presidencia a la Generalitat, con lo que volvería a perderla.

El cónclave belga tiene también una componente interna ante el consejo nacional del PDECat, que aceptará seguramente la integración en JxCat pero conservando su identidad, y ante la probable creación de un partido nuevo que rechazará la unilateralidad para recuperar el catalanismo moderado e integrador tras la deriva que ha fracturado la sociedad catalana. Es un nuevo intento de ocupar un espacio huérfano desde el estallido del sistema de partidos provocado por el ‘procés’ y que necesita la política catalana.