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La clave

Audrey, junta a un sanitario, en la rueda de prensa en el Hospital Vall d’Hebron.

ENRIC FONTCUBERTA / EFE

Audrey y los héroes de Vall d'Hebron

Albert Sáez

Els instinto de superviviencia, la ciencia y el Estado del Bienestar salvaron la vida a la montañera británica

Las metáforas procedentes de la cultura cristiana siguen ahí. Dicen las crónicas más serias que Audrey Mash "resucitó" gracias a los equipos médicos del SEM y del Hospital de Vall d'Hebron. Las versiones menos serias hablan directamente de "milagro". Para los profanos de la medicina, resulta ciertamente sorprendente que alguien esté vivo después de tener el corazón parado durante seis horas. Las precarias nociones de primeros auxilios que tenemos nos dicen que la parada cardíaca significa la muerte inmediata. O al menos eso parece en un país repleto de desfibriladores. El caso es que Audrey se salvó, justamente, por lo mismo que estuvo a punto de matarla: la hipotermia que sufrió al verse sorprendida por una tormenta de nieve durante una travesía en el santuario de Núria junto a su pareja. ¿Qué es lo que salvó a Audrey? Sin duda, dos de los logros principales de la Europa ilustrada: la ciencia y el Estado del Bienestar. Una ciencia, además, potenciada por la tecnología. En primer lugar, la del teléfono móvil con que pudo enviar su geolocalización (hay momentos en los que el hecho de que Google lo sepa todo de nosotros nos puede salvar la vida). En segundo lugar, dos helicópteros que permitieron trasladarla a Barcelona, a un hospital de referencia en Europa (en el que lógicamente hay más listas de espera que en los de menor rango). Y, en tercer lugar, una técnica denominada ECMO, gracias a la cual pudieron oxigenarle externamente la sangre hasta que recuperó la temperatura corporal y volvieron a "encender" su corazón. Ni el más apologeta de los transhumanistas hubiera encontrado mejor ejemplo para propagar su causa. 

A Audrey, la salvó principalmente el instinto de supervivencia del género humano, esa contradictoria pulsión que nos impulsa a mantenernos vivos para luego estar permanentemente quejándonos de la vida que llevamos. Por eso se refugiaron tras una piedra para cubrirse del temporal, enviaron su geolocalización, el SEM fletó hasta dos helicópteros y llegaron al Hospital Vall d'Hebron, donde esos héroes cotidianos desafían cada día a la muerte y a la falta de perspectiva de la gestión sanitaria. Y que nadie haga cuentas de lo que costó el operativo porque una vida humana no tiene precio, por mucho que la despreciemos cada día.