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Las nuevas tarifas del transporte público

La T-10, la tarjeta más usada, desaparece en el nuevo modelo tarifario.

Europa Press

Hiperventilación 'casual'

Ernest Alós

En la avalancha de críticas sobre las nuevas tarifas del transporte público aprobadas por la Autoritat del Transport Metropolità (ATM) algunas cosas llaman la atención. Primero, hasta qué punto ha salido indemne de esta ola de indignación el presidente de la ATM. Que es el ‘conseller’ de Territori i Sostenibilitat Damià Calvet, no la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau (representada a través de la vicepresidenta, su teniente de alcalde Janet Sanz).

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No es que Calvet (al que se debe reconocer que ha dado la cara por la decisión) simplemente pase por allí: de los ingresos de la ATM, la Generalitat abonó, en el 2018, 314 millones de euros* (278 en el 2014), el Ayuntamiento de Barcelona y el Àrea Metropolitana, 286 millones (176 cuatro años antes) y el Estado, 109 (94 en el 2014). La responsabilidad de que las rebajas para quienes dependen del transporte público y las subidas para los usuarios ocasionales deban ser casi un juego de suma cero debería buscarse en las administraciones que han incrementado menos su aportación.

Aunque una cosa es destacarlo y otra que extrañe. No, no es extraño teniendo en cuenta la inmunidad del Govern a cualquier crítica sobre la gestión de una materia que sea de su competencia (como la seguridad ciudadana en Barcelona, por ejemplo).

No es menos llamativo que quienes se han quejado muy fuerte por el nuevo marco tarifario son quienes utilizan el transporte público muy poco. Quien utilice la T-10 rebautizada como T-Casual ('renaming' cuqui con voluntad ambilingüe que se podrían haber ahorrado) pagará 11 céntimos más por viaje. El resultado de multiplicar poco pocos viajes es igual a poco. Menos que los 3 a 14 euros de ahorro/mes con la T-Usual de los actuales usuarios de T-Jove, T-Mes y T-50/30.

Filias y fobias políticas aparte, el debate que acabamos de cruzar parece otro ejemplo de hasta qué punto monopolizan el diálogo en Twitter, zona cero de las quejas, quienes por motivos laborales o personales pasan horas en casa y necesitan alguien con quien hablar. No yendo arriba y abajo, por ejemplo, en metro o autobús.

Sí tengo mis dudas sobre la necesidad y los efectos secundarios de que la nueva T-Casual sea unipersonal. Pero el caso en el que el perjuicio es máximo, el de la familia de cuatro miembros que baja a Barcelona una vez al año, deberá comprar cuatro tarjetas y por ese motivo, amenaza airada, vendrá en coche, me parece el de uno de esos seres míticos que existen en las redes. ¿Han contado de verdad el precio del párking? ¿El peaje? ¿Solo vienen una vez al año? Diría que no. Pero lo que sucede es que, según un exvicepresidente de la Generalitat, estamos hablando de algo mucho más trascendente: «Con el uso individual de la T-10 queda claro que Barcelona renuncia a su condición de capital nacional de un país, con una mirada corta, localista, impropia de una capital a la que hemos de acudir por motivos médicos, culturales y deportivos la gente del resto del país», ha protestado Josep Lluís Carod-Rovira. Solo con una visita médica, una cultural y una deportiva, más un par de manis, quizás los números ya le saldrían.

En esta polémica, cada uno cuenta la feria tal como le va. Se supone que como barcelonés que alterna unos 30 viajes en metro al mes, desplazamientos a pie, Bicing y (desde que feneció mi Piaggio X8 cuando se churruscó el volante magnético, una pieza que ni sabía que existía) 'scooter' eléctrico de alquiler, debería ser uno de los incoherentemente perjudicados, a pesar de que teóricamente hago un ejercicio de movilidad sostenible.

Pero estos días hemos analizado el efecto de los nuevos precios sobre nuestra movilidad actual, en lugar de poner sobre la mesa los cambios de hábitos que se pueden dar con los cambios de tarifa. En mi caso, puedo seguir moviéndome igual. Y que me cueste 3 euros más (incremento más que compensado con el descuento de 25 euros de una T-Jove en casa) . O pasar a la T-Usual y, con todo el mes pagado, coger alguna moto menos y algún metro más. Diría que de eso es de lo que se trata. 

*Otros 70 millones de euros presupuestados constaban como impagados al cierre del ejercicio del 2018, con fecha de julio del 2019.