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Cambio de Gobierno en el país sudamericano

El presidente electo de Argentina, Alberto Fernández, durante la celebración del triunfo en Buenos Aires, este domingo.

RONALDO SCHEMIDT (AFP)

Volver al centro en Argentina

Rafael Vilasanjuan

El reto del nuevo presidente Alberto Fernández es aplicar políticas para reducir la deuda y combatir la inflación

Cuando el martes Alberto Fernández se enfunde la banda presidencial en Buenos Aires y empiece la cuenta para levantar a una Argentina en horas bajas, va a tener que hacer frente a un escenario complejo, donde la economía se ha hundido y ninguno de sus vecinos podrá echarle una mano.

No corren buenos tiempos en un continente que sale a las calles para sacudirse políticas neoliberales o populismos. Chile, Brasil Venezuela, Bolivia… En toda Sudamérica apenas queda un rincón tranquilo. Como en todos estos países, la situación actual en Argentina no es fruto de unos u otros, sino de la combinación de haber pasado por los dos polos, basculando entre ellos sin encontrar el equilibrio. ¿Dará el nuevo presidente argentino con el punto medio?

De partida cuenta en su Gobierno con Cristina Kirchner, que será vicepresidenta y que cuando gobernó, hundió el país en la corrupción y la bancarrota. A diferencia de ella, dicen de Alberto Fernández que más que un nuevo populista, es un político pragmático, celoso de un equilibrio fiscal que permita sacar al país de la asfixia. Al borde de la quiebra, con una inflación que ronda el 50% anual, solo los que tienen dólares llegan dignamente a fin de mes, mientras uno de cada tres argentinos sucumbe a la pobreza. La nueva política económica habla ya de un acuerdo de precios y salarios para frenar esa subida que impide llenar lo mas básico de la cesta de la compra. Pero no es suficiente.

Una pesada mochila

Con el país arruinado por las huestes de Cristina Kichner, Macri, su sucesor neoliberal pidió un crédito al Fondo Monetario Internacional cuya deuda el nuevo presidente recibe íntegra en la mochila. Ahora Argentina ya no tiene más fiadores y el FMI reclama sus intereses. El regreso a la moderación y a propósitos más propios del centro que de la izquierda populista, de donde viene este Gobierno, puede ser una ayuda sustancial para generar confianza en los pagos, renegociar y conseguir cómodos plazos, aunque de partida cuente con toda la hostilidad de la Casa Blanca y su presidente, Donald Trump, a quien no le ha gustado nada el resultado de las urnas y menos aun el cambio de Gobierno.

El nuevo presidente no ha respondido a las provocaciones de Trump, como tampoco a las de su homólogo brasileño, Jair Bolsonaro. Dicen que Alberto Fernández no solo es pragmático, también es un hombre de diálogo, y eso que ya se está viendo en sus relaciones hacia fuera, va a ser más necesario que nunca en un país que necesita huir de la polarización que ataca como una epidemia a medio mundo y está haciendo estragos por toda la región. Esa moderación le puede servir para negociar y reducir sus dos principales retos: inflación y deuda. Porque si la economía no mejora, la euforia del regreso del peronismo, aunque sea el de la vía más pragmática, puede acabar en nada y derivar en soluciones más extremas siguiendo al resto de países de la región echados a las calles. Pero si lo consigue, Argentina puede ser el centro hacia donde camine el continente.

Temas: Argentina