01 oct 2020

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Editorial

Johnson, hacia una victoria divisiva

El frente contrario al `brexit¿ se ha sentido desasistido y huérfanode liderazgo

Corbyn (izquierda) y Johnson, durante el debate televisado por la BBC. 

Corbyn (izquierda) y Johnson, durante el debate televisado por la BBC.  / EFE

Nada parece suficiente para evitar la victoria de Boris Johnson en las elecciones legislativas que se celebrarán en el Reino Unido el próximo jueves. No solo porque, según los sondeos, salió vencedor del debate del viernes con Jeremy Corbyn, sino porque el último as que se ha sacado de la manga el líder laborista apenas ha hecho mella en el electorado conservador, que otorga escasa solvencia a los desastres que vaticina un informe del Departamento del Tesoro, especialmente en los intercambios económicos entre Irlanda del Norte y el resto del país si se consuma el 'brexit' y se aplica el acuerdo cerrado con la Unión Europea. En un ambiente menos enturbiado por la posible salida del club europeo, la ocultación del informe por Johnson seguramente habría debilitado sus expectativas electorales, pero en el seno de una sociedad muy dividida, los resortes emocionales que operan en el bando 'brexiteer' son suficientes para neutralizar cualquier cambio de tendencia.

La última encuesta, conocida ayer, otorga 10 puntos de ventaja a los conservadores, lo que es tanto como vaticinar que los tories se harán con la mayoría absoluta salvo sorpresa mayúscula y que los unionistas norirlandeses del DUP dejarán de ser la muleta necesaria para completar la mayoría, y poco importarán sus temores acerca del futuro de la economía del Ulster. Cosa distinta es que estos temores y reservas se hagan extensivos a la comunidad católica, compliquen la relación entre las dos Irlandas y entre en crisis la paz trabajosamente edificada por el acuerdo de Viernes Santo de 1998.

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Ni la reacción a última hora de la dirección laborista ni la movilización del electorado joven, mayoritariamente partidario de permanecer en la Unión Europea, parecen ingredientes suficientes para desmentir los sondeos. En realidad, el frente 'remainer' se ha sentido desasistido y huérfano de liderazgo durante mucho tiempo, bloqueado el laborismo por el alma euroescéptica de Corbyn y su equipo y por su falta de resolución para enfrentarse a los predicadores del 'brexit'. Una situación que en la práctica ha permitido al conservadurismo más antieuropeo fijar la agenda desde que Theresa May sucedió a David Cameron y el debate político dejó de girar demasiado a menudo en torno a la utilidad y las consecuencias que tendrá la salida, del todo sombrías, para reducirse a sucesivas aproximaciones sobre cómo hacer efectivo el 'brexit'.

Incluso en el muy improbable caso de que Johnson no consiga el jueves la victoria, la división de la sociedad británica está garantizada por un largo periodo de tiempo. Muchos de los elementos cohesionadores de una comunidad –proyecto de futuro, la dualidad campo-ciudad, las relaciones con los aliados, entre otros– han entrado en crisis porque cualquier debate se desarrolla entre dos visiones irreconciliables del papel que corresponde al Reino Unido en el mundo del siglo XXI. Lo que otorga a la votación del jueves un carácter insólitamente dramático vivido en pocas ocasiones desde el final de la segunda guerra mundial.