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Tribuna

Torre eléctrica y molinos de energía eólica.

LUCY NICHOLSON (REUTERS)

Cómo hacer la transición energética en Catalunya

Joan Vila

Si se quiere la nueva renovable en Catalunya sea rentable deberá trabajar por encima de 3.000 horas anuales

Hace unos días, el Govern de la Generalitat aprobó el nuevo decreto de medidas urgentes para la emergencia climática y el impulso a las energías renovables, que deroga el anterior, el 147/2009, por el que se regulaban los procedimientos administrativos aplicables para la implantación de parques eólicos e instalaciones fotovoltaicas en Catalunya.

Este último fue redactado por el tripartito con la voluntad de frenar la burbuja renovable y significó que en Catalunya no se pudiera hacer otro parque eólico ni fotovoltaico. Mientras esto ocurría aquí, en el resto de España se continuó invirtiendo en parques eólicos y fotovoltaicos. En la actualidad, la potencia en servicio en España es de 22,84 gigavatios (GW) eólicos,  que llegan a 44,2 GW si contamos los proyectos que ya tienen permisos.

En cuanto a la energía fotovoltaica, la potencia en servicio es de 5,46 GW, pero con permisos hay proyectos que llevan la cifra prevista en 69,63 GW. En Catalunya hay 1,28 GW eólicos que, con permisos, llegan a 1,48 GW. En cuanto a la energía solar en servicio, hay 0,20 GW y con permisos llegaríamos a 0, 53 GW. La desproporción es enorme.

Es evidente que el escenario eléctrico catalán es diferente debido a que hay 3 centrales nucleares que aportan alrededor del 50% de la energía eléctrica catalana. Pero también es cierto que tienen una vida que acabará al final de la década 2030. Por tanto, ahora se debería hacer la implantación renovable en combinación con la energía nuclear y prever la sustitución a medida que se vaya produciendo.

Para hacer la transición energética, Catalunya debería invertir en 10 GW fotovoltaicos y en 7,5 GW eólicos hasta 2030, cifras de las que estamos a años luz. En el resto de España, con los 44,2 GW eólicos y los 69,6GW fotovoltaicos, ya han ocupado la cuota de Catalunya, por lo que si se quiere que la nueva renovable en Catalunya sea rentable deberá trabajar por encima de 3.000 horas equivalentes en eólica y en autoconsumo por la fotovoltaica.

Si no es así, no podrá competir y acabará importante la electricidad renovable del resto de España. El nuevo escenario renovable abre la oportunidad a la industria catalana que hacerse flexible, alternando con el gas, la biomasa y la electricidad para aprovechar los mejores precios que irán produciendo en momentos de costes marginales. Es una oportunidad de apoderamiento del consumidor industrial, pero no se puede dejar de lado la responsabilidad que tenemos como sociedad de cumplir con la transición energética. Todo esto quiere decir que no se puede pretender poner aerogeneradores en el Tibidabo, dada la falta de viento y rentabilidad, por no querer ponerlos en una carena con 3.000 horas de viento. Ni tampoco podemos despreciar la posibilidad de instalar un parque fotovoltaico en un campo baldío porque nos altera el paisaje.

No ser responsables nos puede llevar a no poder hacer ciertas cosechas para que la temperatura haya subido en exceso. Ser solidario, en cambio, puede ser un valor a añadir a nuestros productos, como hacen algunos productores agrícolas franceses. Oponerse a la implantación eólica o la fotovoltaica debería ser un camino de debate para encontrar soluciones compensatorias. Querer alterar la prioridad del cambio climático, no aceptar la realidad, me parece un error mayúsculo que sólo lleva al fracaso.