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Dinero difícil

Greta Thunberg comparece en rueda de prensa en Madrid.

DAVID CASTRO

El COP 25 y el Ibex 35

Albert Sáez

Las redes rebosan estos días de comentarios críticos con el compromiso que han exhibido diversas empresas del Ibex 35 en la lucha contra el cambio climático con motivo de la cumbre del Cop 25 en Madrid. Les acusan directamente de hipocresía mientras consideran que sus campañas publicitarias tratan de tapar sus vergüenzas en lugar de exhibir sus compromisos. Hay una corriente de pensamiento -de raíz marxista- que considera que todos los males del mundo provienen del capitalismo y que cualquier posible colapso -en este caso el cambio climático- es simplemente el cumplimiento de la profecía de Marx. Si dejamos al margen este corriente maximalista, lo cierto es que las grandes empresas llevan un tiempo con las pilas puestas en lo que se denomina la descarbonización de la industria. Los planes presentados esta semana por Endesa, Iberdrola o Repsol son una muestra. Ciertamente, las compañías van por detrás de las sociedad que ha incrementado exponencialmemte su compromiso contra el cambio climático, especialmente entre los sectores más jóvenes como simboliza, con todas sus contradicciones, la figura de Greta Thunberg. 

Quienes van claramente por detrás son los gobiernos. Algunos, como los de Donald Trump o Vladimir Putin, porque están en manos de las empresas que se resisten a dar el paso y prefieren secuestrar a los legisladores con amenazas antes que cambiar profundamente, que es lo que toca y lo que están haciendo los sectores más dinámicos que se están demostrando ya una mayoría. Otros gobiernos, como es el caso de la Comisión Europea, no consiguen generar las mayorías necesarias para promover la transición energética que hay que comenzar a considerar inevitable.  El hipotético aún gobierno de coalición o la recién estrenada Comisión de Von der Leyen pueden ser síntomas de un cierto dinamismo en este campo, pero queda mucho por hacer. Hay que mantener vivos los parámetros del Acuerdo de París para reducir las emisiones y asumir las pérdidas de competitividad a corto plazo que pueden conllevar. A partir de aquí, hay que poner a las administraciones a la cabeza de la lucha contra el cambio climático en sus contrataciones, en sus subvenciones o en sus normativas. 

Podemos desincetivar a los que hacen el paso o estimularlos. Los consumidores hemos decidido lo segundo y estamos empujando a las empresas. ¿Qué harán los gobiernos: quedar secuestrados con los reticentes o premiar a los que cambian aunque hayan sido los más contaminantes? Si lo que se quiere revertir el cambio climático, lo cabal es lo segundo. Si lo que se pretende es volver a ahondar en las presuntas contradicciones del capitalismo hasta hacer realidad las profecías de Marx, entonces corresponde menospreciar los pasos que se dan en la buena dirección. Pero la realidad es que empieza a cansar que ante cada problema que aparece, antes que buscar soluciones, se pretenda ahondar en los males que provocan. Así no se construye nada y menos se salva el planeta. Bienvenido sea, pues, el compromiso del Ibex 35 con los objetivos del Cop 25. Mejor tarde que nunca.