25 sep 2020

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LA CLAVE

A la izquierda, los negociadores de ERC: Marta Vilalta, Gabriel Rufián y Josep Maria Jové. Frente a ellos, los del PSOE: José Luis Ábalos, Adriana Lastra y Salvador Illa.

El final y el principio del camino

Joan Cañete Bayle

En política, se dice, a menudo se trata de elegir, pactar y ejercer no la mejor opción, sino la menos mala

En política, se dice, no se puede elegir interlocutor, en referencia a que Pedro Sánchez se niega a cogerle el teléfono a Quim Torra y en cambio sí está dispuesto a reunirse con ERC. Cierto, pero como suele suceder con el ‘procés’, hasta cierto punto. Cada tema tiene su interlocutor. Sánchez no tiene por qué negociar la investidura con el ‘president’ de la Generalitat que milita en otro partido que no es el más votado en Catalunya en las elecciones generales. Su interlocutor, para la investidura, es ERC. A no ser que se piense, erróneamente, que estas negociaciones van de algo más que la investidura.

El meollo

En política, se dice, el control del tiempo lo es todo. También el sentido de la oportunidad. La negociación entre el PSOEy ERC no es LA negociación sobre el conflicto catalán. Es una negociación por la investidura. Puede haber compromisos, promesas y gestos, públicos y no tanto, pero el precio de la abstención de ERC no va a ser la solución del conflicto. Eso es un trabajo de legislatura, no de investidura. Es una obviedad. La cuestión es que una mesa bilateral que trate el derecho a la autodeterminación  de Catalunya supone el reconocimiento de que la población catalana constituye un demos diferenciado en la democracia española, auténtico meollo del conflicto político. Una mesa de ese tipo, si llega a suceder, será el final del camino, no el punto de partida, ya que su mera formación implica el reconocimiento de las posturas independentistas. De ahí la trascendencia que se da tanto al interlocutor como a la mesa en sí. La petición de la mesa no es una democrática petición de diálogo.

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En política, se dice, negar la realidad suele llevar al desastre. La realidad dice que en lo más crudo del conflicto territorial en España han ganado las izquierdas en dos elecciones consecutivas, y en Catalunya, ERC, hoy –cómo nos hemos de ver– la vía menos ‘enrauxada’ del independentismo. La realidad también dice que de forma paralela la ultraderecha española crece y los irredentos independentistas a izquierda y derecha, los heraldos del cuanto peor mejor, también. Si falla la investidura, habrá o gran coalición o nuevas elecciones. En ambos casos, un portazo para cualquier intento de encauzar el conflicto por vías políticas. En política, se dice, a menudo se trata de elegir, pactar y ejercer no la mejor opción, sino la menos mala.