01 jun 2020

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Negociaciones PSOE-ERC

Investir a Sánchez

MARÍA TITOS

Investir a Sánchez

Carles Campuzano

Hay que abordar el momento político desde la convicción de que investir a Sánchez es la mejor opción para el independentismo que tiene en la cabeza una idea de país para todos

¿Investir a Pedro Sánchez o precipitar unas nuevas elecciones? Ahí está la incógnita que los partidos independentistas deberán resolver durante los próximos días. Creo que la respuesta de la mayoría de la sociedad catalana, tanto aquella que vota a los partidos independentistas como la que vota a los partidos de ámbito estatal pero que se afirman catalanistas en un sentido amplio, es bastante evidente. La mayoría queremos iniciar una nueva etapa de diálogo en la construcción de los acuerdos que nos permitan encontrar una salida al callejón sin salida en el que hoy estamos instalados.

Los resultados del 10-N son un aval de esta idea; los partidos que expresamente apuestan por el bloqueo son una minoría en Catalunya, y aquellos que han ganado claramente las recientes elecciones en nuestro país defienden el planteamiento de que solo desde el diálogo y la voluntad de acordar encontraremos salidas y soluciones al conflicto; pero los recientes resultados son también una nueva oportunidad para el bloque de progreso que históricamente han conformado en España los partidos de centro-izquierda e izquierda españoles y los partidos de estricta obediencia catalana y vasca.

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Se trata fundamentalmente de recuperar la lógica política de fondo que permitió una exitosa moción de censura que transformó la dinámica de confrontación o precipitar el retorno a una política autoritaria que externaliza a la justicia la gestión del conflicto y que enquistará las relaciones entre Catalunya y el Estado. Obviamente, no es fácil todo. Ya lo vimos en la pasada primavera, cuando los errores de unos y otros precipitaron el fin de la legislatura. Los intereses y las presiones para hacer fracasar la investidura de Pedro Sánchez son fuertes; en el campo español, el bloque de la derecha fía su regreso al poder agitando el recurrente y siempre exitoso argumento anticatalanista, hoy mutado en antiseparatismo, con todos los tópicos que hace décadas que oímos; y una parte, no menor, del campo de la izquierda, especialmente los sectores más conservadores de este mundo, hace tiempo que ha hecho suyo el marco mental uniformizador, centralista y autoritario.

La mejor opción

En el campo independentista, solo los que apuestan por incrementar la polarización y la tensión con el Estado defienden la idea de bloquear la política española. Este es un planteamiento erróneo de todas todas. Y no solo porque el bloqueo simplemente facilitará a corto plazo la lógica de la Gran Coalición y en cualquier caso, y más pronto que tarde, el retorno de la derecha al Gobierno español. Y es que la polarización y la tensión debilitan la cohesión interna de la sociedad catalana, desgastan las instituciones del autogobierno catalán y erosionan el crecimiento económico imprescindible para garantizar el progreso y el bienestar colectivos.

Lo que nos conviene es lo contrario de lo que defienden los 'nostrats' apologetas de la escalada del conflicto. Históricamente, la fortaleza de la posición catalana ha tenido que ver sobre todo con la cohesión de su sociedad, con la fortaleza de sus instituciones de autogobierno y con el dinamismo económico y social de sus empresas, entidades y personas.
Hay que abordar, pues, el momento político desde la convicción de que investir a Sánchez es la mejor opción para el independentismo que tiene en la cabeza una idea de país para todos; una idea de país que debe pivotar sobre la convicción de que la salida al conflicto solo puede ser democrática y que debe tener la ambición de satisfacer a la inmensa mayoría del país sin que nadie tenga que renunciar a ninguno de sus ideales y objetivos.

Audacia, coraje y sentido de Estado

Es también muy evidente que el Partido Socialista ha de abordar esta nueva etapa con la audacia, el coraje y el sentido de Estado que el momento piden. Ni el Código Penal como amenaza, ni el recurso continuado al Tribunal Constitucional como método, ni la negación sistemática a la interpretación abierta y flexible del marco constitucional como política ante Catalunya son aceptables si se quieren soluciones políticas a los problemas políticos. Y es de de ilusos creer que el conflicto con Catalunya se resolverá con una rígida y antipolítica mirada legalista de la cuestión. Y aún es más miope pensar que será la vía penal la que disolverá la demanda catalana.

Finalmente, para las fuerzas progresistas españolas es muy obvio que no se puede aspirar a construir políticas de progreso económico y social en España sin el concurso de la fuerza de Catalunya. Y la fuerza de Catalunya, en términos políticos, reclama diálogo, voluntad de acordar sin límites, reconocimiento nacional, poder político y respeto.

Hay una oportunidad, no sabemos si la última, y hay que aprovecharla.