14 ago 2020

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Polémico pesebre

El belén de la plaza de Sant Jaume de Barcelona.

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El belén de Colau

Imma Sust

El pesebre del Ayuntamiento de Barcelona es el más realista de todos los tiempos. Porque la Navidad no tiene nada de real; nos la inventamos

Cada año la misma polémica. Que si es demasiado surrealista. Que no se entiende. Que faltan figuras religiosas. ¡Que eso no es un belén de verdad! Y yo cada año paso del tema, básicamente porque paso de la Navidad. ¿Pero saben que les digo? Este año el belén del Ayuntamiento de Barcelona me ha llegado al corazón. Cuando lo vi, me pasó como al critico de 'Ratatouille' que al comer el guiso de la rata, viaja directamente a su infancia y se derrite delante del plato de verduras. A mi me pasó algo parecido. No hay nada que recuerde con más amor y cariño, que el día que se montaba el belén en casa. Mi abuelita sacando figuritas del altillo, mi madre rebuscando otras de un baúl viejo, mi tía que nos llevaba con mis primos a comprar más a la feria de Santa Llúcia y el pesebre resultante de todo ello era una maravilla. Mi madre lo sigue haciendo y cada año muta a algo mucho más surrealista. Siguen apareciendo figuras de cuando éramos pequeños: aquel pastorcillo con la nariz rota o aquella vaca tamaño gigante.

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Luego cajas y cajas mal etiquetadas. Que parece que lo hagan adrede para sorprendernos una vez más. Tú lees un cartelito en el que pone ”decoración árbol” y cuando abres la caja, te aparece una oveja de barro que hiciste con 5 años. Figuras de todos los tamaños y colores. Mal pintadas, rotas y tuneadas. Nada tiene las proporciones adecuadas y es absolutamente imperfecto y delirante. Hace un par de años que se han sumado a la fiesta mis sobrinos y no me extrañaría nada, que en nuestro Belén, el niño Jesús fuera un “súper zing”. En mi casa siempre ha sido un “gremlin”, pero claro, cambian los referentes y a mis sobrinos no les acaba de gustar. Está bien. Guardamos a Guizmo en el altillo y esperamos a que nuestros descendientes lo encuentren algún día, se emocionen al descubrirlo y lo coloquen donde ellos crean conveniente. La Navidad ha mutado. Y es natural. No podemos mantenerlo todo como hace dos mil años. El pesebre del ayuntamiento de Barcelona es el más realista de todos los tiempos. Porque la Navidad no tiene nada de real. Nos la inventamos. Y es bueno que así sea, porque si lo pensamos bien, no hay quien se la crea.