Dos miradas

Verosimilitud

Si no ponemos en marcha el mecanismo de suspender la incredulidad, no hay literatura

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Un Robert De Niro rejuvenecido digitalmente, en un fotograma de ’El irlandés’, de Martin Scorsese

Un Robert De Niro rejuvenecido digitalmente, en un fotograma de ’El irlandés’, de Martin Scorsese

Reconozco que, cuando veo una película o una obra de teatro, o cuando leo un libro, me cuesta mucho estar pendiente de lo que me explican si detecto una pifia histórica o un error de coherencia. No es que me cueste mucho, es que me voy. Pienso entonces en lo que formuló un poeta del siglo XIX, Samuel Coleridge: "La voluntaria suspensión de la incredulidad construye la fe poética". Es una de las bases de la narrativa, la capacidad que tenemos (y que queremos llevar a la práctica, conscientemente) de sumergirnos en el relato más allá de las dudas de verosimilitud que funcionan como una muralla contra la verdad de las mentiras , es decir, de la ficción. Si no ponemos en marcha este mecanismo, no hay literatura.

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Me ha pasado viendo 'El irlandés', el filme de Scorsese. De Niro, Pesci y Al Pacino son ancianos que parecen jóvenes gracias a los efectos especiales. Pero resulta que no lo son. Cuando la técnica los rejuvenece, son rostros hinchados y caminan con la parsimonia de los años. Podemos simular que seremos viejos, pero no podemos reproducir la ligereza de la juventud, por muchas trampas de laboratorio ('de-aging', lo llaman) que hagamos. No me los creí y hui de la película.