26 sep 2020

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ANÁLISIS

Trump pasa ante Macron y Merkel antes de posar para la foto de familia de la cumbre de la OTAN en Londres. 

CHRISTIAN HARTMANN (AFP)

OTAN, funeral en Londres

Carlos Carnicero Urabayen

Estados Unidos se siente el 'pagafantas' de la alianza y recrimina a sus socios europeos que no dediquen el 2% de su PIB en defensa

La celebración del 70º aniversario de la OTAN en Londres ha parecido más bien un funeral. La alianza sigue viva, pero son demasiadas las diferencias entre sus miembros como para estar seguros de que su eje central –el articulo 5, cuya activación convierte el ataque a uno de sus miembros en una defensa colectiva-- sigue presente. Una alianza basada en el ejercicio de una solidaridad que implica la vida y la muerte no puede sobrevivir a medio gas. 

La OTAN nació para contener una amenaza que ya no existe (el comunismo soviético) y desde la caída del Muro ensaya cómo permanecer relevante. La conocida cita de su primer secretario general, Lord Ismay, en cuanto al propósito de su creación en 1949, nos da una idea del tiempo transcurrido: “mantener a los rusos fuera, a los americanos dentro y a los alemanes abajo”.

La reinvención de la Alianza Atlántica ha tenido episodios de relativo éxito, desde las intervenciones en Yugoslavia hasta las más recientes misiones en Afganistán e Irak o las maniobras disuasorias frente a Rusia en los países bálticos. Pero, las tensiones internas se acumulan.

Estados Unidos se siente el 'pagafantas' de la alianza y recrimina una y otra vez a sus socios europeos que no cumplen con la promesa de dedicar el 2% de su PIB en defensa. Esto no es nuevo, es una queja heredada de la Administración Obama, pero se suma a otros problemas.

Falta de expectativas

Las tensiones de esta extraña celebración en Londres han pivotado entorno a Emmanuel Macron Donald Trump. Ambos adoran el protagonismo y se acumulan los asuntos en los que no tienen precisamente intereses compartidos. Francia ha creado una tasa digital que afecta a las grandes compañías americanas y Estados Unidos amenaza con imponer aranceles del 100% sobre los productos galos. Los roces comerciales encapsulan algo mayor: la desconfianza ante la percepción de que sus visiones del mundo son cada vez menos convergentes.

Trump se ha mostrado indignado con el comentario de Macron de hace semanas sobre la “muerte cerebral de la OTAN”, como si el propio presidente estadounidense no hubiera ninguneado la alianza una y otra vez desde su llegada a la Casa Blanca. Los europeos también han afeado al presidente francés su comentario, pero ¿acaso no piensan muchos de ellos lo mismo? El caos entre Estados Unidos y Turquía en torno a sus aventuras militares no coordinadas en Siria habla por sí solo.

Las cámaras han captado a varios líderes en un corrillo burlándose de Trump. La falta de química es total. Mogherini, en las últimas horas como jefa de la diplomacia europea, en la hora de la sinceridad, dejó caer dos comentarios en un reciente acto organizado por la energética Eni en Bruselas que dan idea de la falta de expectativas en la UE. Preguntada si EEUU era un problema para Europa, dijo: “Estados Unidos es un problema para sí mismo”. Y remató: "El viejo problema del número de teléfono --ese que no sabía marcar Henry Kissinger para hablar con Europa--  ahora lo tenemos los europeos para hablar con Washington".

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