12 ago 2020

Ir a contenido

Editorial

Crisis de identidad de la OTAN

La cumbre de Londres ha puesto en evidencia la desunión entre los miembros de la Alianza Atlántica

Vista panorámica de la cumbre de la OTAN.

Vista panorámica de la cumbre de la OTAN. / Michael Kappeler /dpa

La conmemoración del 70º aniversario de la fundación de la OTAN se ha traducido en la cumbre de Londres en un cruce intempestivo de reproches en el que han sobresalido las figuras de Donald Trump y Emmanuel Macron, representantes respectivos de dos concepciones divergentes de la Alianza Atlántica. Mientras para el presidente de Estados Unidos, y en general para el mundo anglosajón, el primer asunto a debatir es el aumento de la contribución europea, la cuestión prioritaria para el presidente de Francia es definir de nuevo cuño los objetivos y la estrategia atlantista frente a la amenaza del terrorismo global.

El planteamiento estadounidense parte de la premisa de que los europeos son los principales beneficiados por la existencia de la OTAN y, en consecuencia, deben allegar más recursos a la defensa común; la crítica francesa responde a la impresión bastante extendida de que la OTAN sufre una segunda crisis de identidad. La primera fue la que siguió a la desaparición de la URSS y a la liquidación del Pacto de Varsovia; la presente tiene que ver con la ineficacia estructural de la organización para responder a nuevas amenazas que escapan a la concepción clásica de la defensa a gran escala.

Si la confianza impregnara las relaciones entre las dos orillas del Atlántico, quizá fuera posible un debate sosegado, pero la situación es justo la contraria. En un clima mucho peor al que era de prever cuando Trump llegó a la Casa Blanca, la sola idea de que la Unión Europea promueva la creación de alguna forma de organización militar autónoma, aunque asociada a la OTAN, ha contribuido a enrarecer la atmósfera y ha dado alas a la heterodoxia provocativa de Recep Tayyip Erdogan, miembro de la alianza y, al mismo tiempo, socio oportunista y cliente de Rusia. Si a todo ello se suma la decisión de Trump de marcharse de Londres sin hablar con la prensa, presuntamente agraviado por varios de sus compañeros de cumbre, solo cabe concluir que la OTAN ha abundado en una insólita y arriesgada imagen de desunión.