21 sep 2020

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Al contrataque

Batalla de gallos en la plaza del Macba, en Barcelona.

ADRIANA DOMÍNGUEZ

'Freestylers'

Milena Busquets

Había más literatura y más poesía en ese concierto de raperos que en la mayoría de los actos literarios y supuestamente sofisticados a los que me invitan

Un día, hace aproximadamente un mes y medio, mi hijo pequeño (Héctor, 12 años) me llamó muy excitado desde casa de su padre. Se acababan de poner a la venta la entradas de FMS (Freestyle Master Series) España y debíamos comprarlas inmediatamente, al momento, sin demora, ya. Como soy tan apasionada como él para las cosas que me interesan (y absolutamente pasota para el resto, mi madre y mi abuelo eran igual, debe ser un defecto genético), entré sin tardanza en la página web que me había indicado para comprar las entradas. “Y sobre todo que incluyan 'meet & greet'", añadió antes de colgar. No sabía lo que era el FMS ni tampoco lo que significaba 'meet & greet', pero obedecí con diligencia.

Recordaba que un tiempo antes había visto con Héctor una 'batalla de gallos' por el ordenador y que había quedado fascinada por el talento, la agudeza, la velocidad, la pasión y la inteligencia de los raperos (o 'freestylers', si improvisan) que competían.

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Pero reconozco que me inquietaba un poco ir a pasar el día (debíamos estar allí a las dos y media de la tarde y el espectáculo acababa a las nueve de la noche) en una competición de estas características. Estaba segura de que sería la más vieja del evento y me preguntaba cómo debía vestirme, si se bailaba como en un concierto normal, si habría asientos, si podría comprar algo de comer si me entraba hambre y cómo debía comportarme en el 'meet & greet'.

Gente extrañísima y apasionante

Antes de salir de casa, Héctor me hizo cambiar de chaqueta porque dijo que la gabardina vieja que llevaba era “demasiado beige”, así que opté por un tabardo azul marino. En cuanto llegamos a la cola de entrada me di cuenta de que lo íbamos a pasar en grande. Había bastantes padres con hijos, pero sobre todo había muchos jóvenes. Me maravilló la variedad, el carácter, la originalidad de los chicos y las chicas. Percibí una energía que hacía mucho que no sentía y a la que era imposible resistirse. El 'meet & greet' consistía en saludar a los raperos que iban a actuar y en hacerse fotos con ellos, todos eran amables y encantadores, yo hice de fotógrafa.

Estaba lleno de gente que a mí me parecía extrañísima (tal vez yo también a ellos: una mujer de mediana edad entusiasmada mirándolo todo con ojos como platos) y apasionante. Esos críos geniales, BTA, Mr. Ego, Chuty, Blon o Skone, son capaces de improvisar versos rimados extraordinarios, de darse la réplica con valentía, furia, pasión, sentido del humor, honestidad y sensibilidad. Había más literatura y más poesía en ese concierto que en la mayoría de los actos literarios y supuestamente sofisticados a los que me invitan. Rodeada de aquellos jóvenes gritando y haciendo ruido, recordé por un instante lo que era la literatura. Y la felicidad.

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