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OPINIÓN

Messi celebra su decisivo gol en el Wanda. 

GABRIEL BOUYS

Messi, una ciencia inexacta

Sònia Gelmà

Ninguna verdad puede darse por válida con Messi. Su última víctima, Simeone, debe estar ahora pensando si quizás no equivocó su reflexión. El técnico del Atlético siempre ha sido elogioso con el 10 del Barça. Como la gran mayoría, piensa que es el mejor futbolista del mundo. Pero en una conversación privada con su segundo -que jamás debió salir a la luz, pero que él mismo confirmó y a la que resulta inevitable hacer referencia-, dudaba de la capacidad de Messi para triunfar cuando no está rodeado de extraordinarios futbolistas. Simeone consideraba que para un equipo normal encajaba mejor Cristiano Ronaldo.

Y quizás tenga razón, veremos si este Barça -anormalmente normal- consigue tener algún éxito, pero rebatir la teoría del técnico argentino parece ser el nuevo reto de Messi. El argentino decidió en el Metropolitano que, si Ter Stegen les había permitido sobrevivir, él remataría para contradecir a los que augurábamos el descarrilamiento definitivo de este Barça.

Aunque no vivan en la abundancia del juego, él decidió que en casa de Simeone y como escaparate previo a recibir su sexto balón de oro, era un buen momento para recordarnos que el único axioma válido para él es que siempre ha estado. Desde hace más de una década, con la excepción del año del Tata. Una temporada que vivió medio ausente por las lesiones y que por un momento nos hizo pensar que podía haber iniciado su declive. Una demostración de que hay que ir con mucho cuidado cuando uno intenta predecir si ya hemos visto al mejor Messi.

Impredecible al máximo

Porque quizás la edad ya no le permita mantener la punta de velocidad, pero su fútbol no ha dejado de crecer, de adaptarse, y de superarse. Dice el argentino, por si nos encuentra con la guardia bajada, que le cuesta arrancar las temporadas más que antes. Que sus prioridades han cambiado, como si la pelota ya no estuviera entre ceja y ceja las 24 horas del día. No caigan en su trampa, que no les despiste.

En sus inicios, jamás hubiéramos imaginado que pudiera aspirar a unas cifras goleadoras de delantero centro. Lo siguiente fue pulverizar cualquier registro imaginable. En esa época, le destacábamos su voracidad ante portería, solo compatible con ese punto egoísta que tienen todos los delanteros, y así lo afirmábamos. Hasta que un buen día decidió que su juego también podía ser generoso, que la asistencia podía ser tanto o más gratificante que el gol. Pero además de seguir finalizando jugadas en movimiento, decidió añadirle precisión al balón parado. Pasó a ser temible también en las faltas.

Predecir que Messi ya no nos va a sorprender sería una imprudencia. El paso del tiempo es una variable muy fiable para pensar que estamos más cerca del final que del principio, pero nos podría pasar como cuando los meteorólogos nos avanzan un fin de semana de chubascos. De pronto, una variable altera toda la predicción y pueden encontrarse con un paraguas que solo les servirá para protegerse del sol. La meteorología es una ciencia inexacta, como el argentino.