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LA CLAVE

José Luis Ábalos, Adriana Lastra, Gabriel Rufián y Carolina Telechea, durante una reunión entre PSOE y ERC en el Congreso.

Europa Press

La España y la Catalunya posibles

Albert Sáez

La investidura de Sánchez puede desbloquear tres presupuestos

Roger Pascual explica una carambola posible: la suma de los socialistas, los republicanos de Esquerra, los Comuns de Colau puede en este momento desbloquear el Gobierno de España, los presupuestos de Catalunya y los de Barcelona. Solo necesitan la aquiescencia de Junts per Catalunya, o sea, de Carles Puigdemont. Tener gobiernos efectivos es una demanda de todos los agentes sociales: empresarios, trabajadores y sociedad civil. Vivir sin presupuestos aprobados es hoy una manera muy potente de dar alas al populismo. Permite decirles a todos que sí para luego escudarse en la falta de mayorías para incumplir. Y cuando los gobiernos pujan al alza, las oposiciones doblan la apuesta. Más allá de las intrigas palaciegas, este triple acuerdo es el que más le conviene a España y a Catalunya. Cualquier otra opción -incluso algunas de las que permitirían investir a Pedro Sánchez- no traería la misma estabilidad. El Partido Popular nunca aprobaría las cuentas de un gobierno socialista teniendo como tiene a Vox en el cogote. Y Ciudadanos ya no facilita una mayoría alternativa. La España posible, hoy, es una gobernada por una mayoría precaria del PSOE con Podemos dispuesta a dialogar con la Catalunya que quiere hablar de la independencia pero también de procedimientos y, se supone, de muchas otras cosas. Su reto es demostrar que una alianza de ese tipo no es sinónimo de desorden como lo fue antaño.

Ese diálogo no será viable si, en paralelo, no se piensa en la Catalunya posible. Lo que la prensa de Madrid considera la Catalunya real suma, en el mejor de los casos, 57 diputados sobre 135 en el Parlament. Ni puede gobernar ni impulsar cualquier reforma institucional. Tampoco el independentismo suma los 90 diputados necesarios para impulsar nada. Se queda en 70 y llega a los 78 si propone un referéndum acordado. De ahí que se acuda al escapismo de la vía unilateral. La Catalunya posible no puede seguir con un Estatut que no votaron los ciudadanos, pero solo puede alterar el statu quo sin repetir el estropicio unilateralista si alguien se sale del guion. La prudencia es lógica pero la historia está repleta de este tipo de momentos estelares que diría Zweig.