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IDEAS

Marcel Proust, hacia 1896.

AFP

La prueba de Proust

Xavier Bru de Sala

De manera muy injusta, todo lo que proviene de Francia es minusvalorado. Las luces de París ya no iluminan, pero esto no significa que el mundo de hoy no sea, con respecto al arte y las ideas, más hijo de Francia que de cualquier otra de las matronas que lo han forjado. Shakespeare es mejor que Racine. Tan cierto como que deberíamos situar a Proust en lo alto del canon. El origen nacional, la lengua, es un lastre paliado por las preferencias sexuales y los orígenes judíos del diletante sublime. Son los dos factores que según Steiner lo impulsan hasta la cumbre de la cultura moderna, junto a Wittgenstein, que también era homosexual y judío.

Los que no han leído a Proust deberían abstenerse de hablar de literatura

Sobre la bondad de las últimas obras del autor del famoso 'Tractatus' hay pocas dudas entre los que se ven capaces de evaluarla. Se puede discutir si quita mérito al austriaco protegido de Russell el hecho de ser el lógico de cabecera de los filósofos 'tontos', es decir simplistas (especie que viste bastante y ​​se reproduce como la peste, al amparo de políticos y periodistas ignorantes). En cambio, si queremos saber qué cosa es el lenguaje humano y cómo es capaz de maravillarnos y modificarnos, no hay duda de que el maestro, el gran maestro, se llama Marcel Proust. Llegamos así al núcleo de este modesto artículo: los que no han leído a Proust deberían abstenerse, por higiene y por respeto, de hablar de literatura. Casi diría lo mismo sobre los que no le han releído, y casi de quienes le han releído sin detenerse ante sus grandes párrafos y contemplarlos, pasear adelante y atrás, desmenuzar las filigranas y luego tomar distancia para comprender mejor el conjunto, es decir asimilarlos, como los magníficos cuadros o composiciones que son. Releer a Proust todo seguido, como si fuera una novela, es un crimen de lesa literatura.

La prueba para descubrir a los profesores y críticos que no pasan de la palabrería superficial es la 'Commedia'. La del lector moderno es la 'Recherche'. Quien no lo haya superado se queda en la categoría de pobre, de pobrísimo, de superficial leedor.