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Fechas señaladas

Jim Carrey, en el papel de Scrooge, en ’Cuento de Navidad’, de Robert Zemeckis.

El lío navideño

Care Santos

Detesto tener que hacer las cosas solo porque tocan, aunque no tenga ganas o aunque no sean oportunas

Vaya por delante que no odio la Navidad. Me gusta regalar y que me regalen, me parecen preciosas las iluminaciones de las calles y no detesto a mi familia y diría que ellos tampoco me detestan a mí. Es más, nos queremos y disfrutamos mutuamente de nuestra compañía. Echamos de menos juntos a los ausentes, pero por ahora no me paso las Navidades alcoholizada, ni deprimida, ni ausente ni pensando que es la época más triste del año.

A pesar de todo, me aburre todo este lío. Detesto esta sensación de espiral loca en que nos sumimos en cuanto se acerca Día de Acción de Gracias, una celebración que no es nuestra y que ahora ya marca nuestro calendario, igual que el Black Friday y el Ciber Monday —orgías del consumismo— al que luego siguen nuestro puente de la Constitución y la Inmaculada y la locura de la semana 'antes de', que en realidad dura tres semanas y son tres locuras diferentes: 'antes de Navidad', 'antes de Fin de Año' y 'antes de Reyes'.

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Detesto tener que hacer las cosas solo porque tocan, aunque no tenga ganas o aunque no sean oportunas. Detesto pensar que igual los demás sienten lo mismo conmigo. Detesto tener que hacer regalos, organizar comilonas y estar contenta porque sí. Detesto el buenismo cursi que acompaña la Navidad más allá de la edad infantil. Detesto las películas navideñas que insisten en todo lo anterior. Cada vez me divierten más quienes se atreven a provocar jugando a la contra. Me río, por ejemplo, con una canción del grupo danés Leæther Strip titulada 'It happened on Christmas Day' en la cual, con una voz siniestra y cavernosa se nos cuenta un caso de adulterio y venganza sangrienta ocurrido en una gélida jornada navideña.

Aunque, para no dejar de ser contradictoria, me encantan los cuentos de fantasmas navideños que la tradición anglosajona ha regalado al mundo. Todos los años revisito a míster Scrooge y sus tres fantasmas. Y todos los años me pregunto cómo me iría si fuera yo la protagonista del cuento. Y siempre me siento aliviada al comprobar que no.