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LA CLAVE

El presidente catalán, Quim Torra, en octubre.

Europa Press

Torra y el martirio

Luis Mauri

El látigo fundamentalista de Puigdemont, Torra y sus irredentos intenta dejar en carne viva la autoestima del independentismo pragmático ante la investidura y la cercana batalla final por la hegemonía nacionalista

El látigo fundamentalista no cesa. Restalla en el aire y azota con excitación desesperada. Ahora toca tensionar aún más el conflicto, asumir sacrificios, incluso el martirioTorra se encarga de señalar el camino rigorista. El flagelo de Puigdemont, Torra y sus irredentos deja en carne viva la autoestima del independentismo pragmático. No se trata solo de entorpecer las negociaciones PSOE-ERC. Más importante que eso es la próxima y quizás definitiva batalla por la hegemonía en el seno del nacionalismo catalán.

La corriente realista o moderada o como quiera llamarse fluye tanto en ERC como en el PDECat. Pero en ninguno de ambos partidos lo hace con el desparpajo, la libertad y la potencia que quisieran sus valedores. Un dato da la medida de la dificultad que encuentra el pragmatismo para cuajar y consolidarse en el magma independentista: dos años después del otoño perturbado, no hay noticia de la autocrítica.

El país está patas arriba, paralizado, malhumorado, fracturado, engañado y a la vez desengañado, pero nadie se considera en el deber de decir que quizás se equivocó. Que sus promesas mágicas, sus decisiones iluminadas y sus acciones fraudulentas empeoraron el marco político, económico y social. Que condujeron al país a este purgatorio tan inicuo como inmerecido.

La precaria autoestima del independentismo pragmático hace imprevisible el resultado de la negociación PSOE-ERC. La entropía es máxima. Reinan la duda y la incertidumbre. Absténganse de hacer apuestas quienes teman perder el envite.

Batalla atroz

La próxima batalla entre ERC y JxCat por la hegemonía va a ser más atroz que nunca. Puigdemont, huido o incluso en manos de la justicia española, aún llegará a tiempo para ser de nuevo candidato. Junqueras, ya inhabilitado, no. La cercana inhabilitación de Torra por desobediencia abrirá con gran probabilidad la vía hacia nuevas elecciones en Catalunya.

Entre tanto, el todavía ‘president’ se siente desenfrenado. Más que nunca. Ese hombre señala ahora el camino del martirio. Muchos de sus detractores lo ridiculizan. Qué error. La Historia certifica la propensión de la humanidad a malinterpretar determinadas señales. Como tomar el peligro por un simple esperpento.