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EN CLAVE EUROPEA

La presidenta de la Comision Europea, Ursula von der Leyen, posa junto a su equipo de gobierno.

EFE / PATRICK SEEGER

Nueva Comisión, viejos problemas

Eliseo Oliveras

Von der Leyen deberá forjar una mayoría parlamentaria para cada proyecto sin tener asegurado a su propio grupo popular

La desigualdad social y el deterioro democrático en la UE pesan poco en el programa del nuevo Ejecutivo comunitario

La nueva Comisión Europea, presidida por la conservadora Ursula von der Leyen, ha sido aprobada por una amplia mayoría de 461 votos a favor, muy superior al escaso margen que ella obtuvo en julio. En esta ocasión el voto no era secreto, sino nominativo, y las presiones han limitado al mínimo los disidentes en las filas socialistas y liberales. Aún así, el resultado es muy inferior al obtenido por la Comisión de Romano Prodi en 1999 de 510 votos a favor en un hemiciclo con 125 escaños menos.

La nueva Comisión Europea arranca sin una mayoría estable, como evidencia el veto a tres candidatos a comisario, la aprobación por repesca del segundo candidato húngaro y el retraso de un mes en poder asumir sus funciones. No existe un programa de gobierno pactado con los tres grupos que han respaldado a Von der Leyen (populares, socialistas y liberales) y el líder de los liberales, Dacian Ciolos, ha reclamado “cambios profundos”, subrayando que el voto no es “un cheque en blanco”.

Von der Leyen deberá forjar una mayoría en la Eurocámara en cada proyecto legislativo, ya que esos tres grupos mantienen posiciones dispares y necesitará buscar el apoyo de los Verdes para sumar votos. El tema estrella del Pacto Verde Europeo tropezará, cuando entre en los cifras y detalles, con la oposición de los conservadores y los diputados del Este, como en el pasado. Alemania, sin ir más lejos, tiene previsto poner en marcha en 2020 una nueva central de carbón en Datteln. La resolución sobre la emergencia climática, adoptada por el Parlamento Europeo el 28 de noviembre, evidenció que Von der Leyen no tiene garantizado el apoyo de su grupo, ya que la mitad de los populares votó en contra. Los planes sobre un salario mínimo y un esquema de desempleo europeos también son cuestionadas por los conservadores. La eterna asignatura pendiente de una política común sobre inmigración y asilo, incluida en el programa de Von der Leyen, tropieza asimismo con la falta de consenso.

Menos respaldo

La Comisión Europea de Jean-Claude Juncker se definió en el 2014 como “política”, como “la Comisión de la última oportunidad”. Cinco años después, el nivel de malestar social y descontento ciudadano hacia los dirigentes políticos es aún mayor, como muestran la caída del respaldo electoral a los partidos gobernantes (populares, socialdemócratas y liberales), el aumento del apoyo a fuerzas alternativas (verdes, izquierda, antisistema) y el voto de protesta hacia la extrema derecha.

La nueva Comisión se ha definido como “geopolítica” y Von der Leyen resaltó en su discurso los retos geoestratégicos que afronta la Unión Europea (UE) ante al cambio climático, el desorden global, EEUU, China, Rusia y el riesgo de quedar rezagada en las nuevas tecnologías. En el frente interno, la presidenta se limitó con la retórica habitual a pasar de puntillas sobre la creciente desigualdad y precariedad que están descomponiendo el tejido político europeo y alimentado el malestar social. El excomisario Mario Monti ya advirtió en un informe del 2010 que las políticas socioeconómicas de la UE generaban la hostilidad de los trabajadores y las clases populares, pero las ideas de Von der Leyen sobre el salario mínimo y el seguro de desempleo podrían favorecer una armonización a la baja en la UE.. El Pilar Social Europeo no ha impedido que continúe el recorte de derechos sociales y laborales, ni que se acentúe la injusticia tributaria. Por ejemplo, Alemania y otros 12 países impidieron este jueves en el Consejo de Ministros de la UE que las multinacionales tengan que hacer públicos los beneficios e impuestos que pagan en cada país.

Fondos agrarios

Von der Leyen destacó que la UE requiere inversiones masivas para la nueva economía verde y para no perder el tren tecnológico, pero a continuación defendió mantener la política de austeridad bajo el eufemismo de “la necesidad de finanzas públicas saneadas”. La presidenta también anticipó un recorte de los fondos agrarios y de cohesión de la UE bajo el eufemismo de “modernizar” el marco presupuestario. La designación como vicepresidente ejecutivo de economía a Valdis Dombrovski, estricto aplicador de la política de austeridad, indica las prioridades.

La acomodación de Von der Leyen a la ultraderecha que gobierna Hungría y Polonia, cuyos votos fueron decisivos para su elección como presidenta, fue criticada por liberales y verdes. La liberal Sophie In ’t Veld le reprochó que “prefería aplacar a Budapest y Varsovia antes que trabajar con las fuerzas progresistas”. La líder de los Verdes, Ska Keller, recriminó que un representante del Gobierno húngaro sea el comisario de Ampliación, ya que tendrá que pedir a los países candidatos que respeten los derechos y libertades que Hungría ha desmantelado.