03 abr 2020

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Dos miradas

Una docente da clase en el colegio Joan Maragall de El Prat de Llobregat, el curso pasado.

DANNY CAMINAL

Identificar catalán e independentismo (que es lo que dicen que pasa) me parece algo incierto

Hay pesimistas que son conscientes de que la lengua catalana vive una situación mucho más que delicada, casi terminal. Como el latín, no existe fuera del ámbito estricto del aula, con suerte. Después, hay quien -siendo pesimista o no: aquí no es pertinente- trabaja con una vocación coriácea para que los alumnos -todos- tengan los mismos derechos y para que la lengua no se marchite. Profesores para quienes oír hablar de una "utilización partidista del uso de la lengua" es un despropósito, casi un insulto.

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Profesores que luchan por la cultura que aman y que quieren transmitir con normalidad, en Viladecans, en Olot o en Nou Barris. Si se lee con atención la ponencia del PSC, donde se habla de "flexibilizar" debe leerse "debilitar" el catalán, que es una barbaridad contra la propia historia del socialismo catalán. Identificar catalán e independentismo (que es lo que dicen que pasa) me parece algo incierto y, en todo caso, nada compartido por quien, en las aulas, cada día, se esfuerza en hablar con entusiasmo de Rodoreda o de los pronombres débiles. Porque sí, porque cree en ello. Un día, tal vez, "los hombres buenos explicarán a sus hijos" el relato de esta su batalla cotidiana.