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MIRADOR

Aitor Rufián y Gabriel Rufián, este martes en el Congreso.

DAVID CASTRO

Los beneficios del 'sí' a Sánchez

Xavier Bru de Sala

Con que la estrategia de ERC implique distensión, la de Puigdemont podría ser mortal para la posconvergencia

Todo el mundo habla de los costes para ERC de la votación en positivo para investir a Pedro Sánchez. Los republicanos andan acoquinados. Es natural, porque acaban de perder dos diputados mientras JxCat ganaba uno gracias a los disturbios posteriores a la sentencia. En efecto, animados por lo que consideran un gran éxito y sin tener para nada en cuenta que, desde el 21-D, el independentismo lleva extraviados más de 400.000 votos, los fieles a Puigdemont, encabezados por Quim Torra y Laura Borràs, se disponen a boicotear cualquier acuerdo. A fin de preparar el terreno del 'no', la furia tuitera contra ERC de los aliados de JxCat, la CUP y los posconvergentes reconvertidos en neorradicales, se ha redoblado y desbordado hasta rozar el delirio. Un tuit muy retuiteado asegura, en relación a la consulta de ERC, que cualquier resultado superior al 90% significa, o bien que la pregunta está mal hecha, o bien que era innecesaria. Poca memoria, mucha furia de toro hispánico: el 'sí' del famoso 1-O también superó el 90%.

Más que de facilitar el ascenso al poder de Sánchez, que debemos dar por supuesto y se ha puesto en duda para parapetarse, las peticiones de ERC se inscriben en la campaña electoral de las próximas autonómicas. De manera más dramática y concreta, pretenden desbrozar el camino para alcanzar, por fin, la presidencia de la Generalitat. ERC vive traumatizada porque dos veces seguidas, la primera el 21-D, la otra en las últimas municipales, los dos primeros puestos de la política catalana, presidencia y alcaldía, se les han escapado de las manos cuando ya los acariciaban. Poca broma, pues.

Pero ERC cuenta con poderosos aliados entre las filas enemigas. Las mentes menos ofuscadas de JxCat temen, con razón, que si en pocos meses empezamos a ver presos en la calle, aunque sea de permiso penitenciario, todas las actuales esperanzas y expectativas posconvergentes de recuperar la hegemonía se irán al traste. La disminución drástica de la tensión puede encaminar una riada de voto expujolista y exsocialista, también del 'cinturón', hacia el nuevo partido central, por supuesto que posibilista, de la vida política catalana. De ahí las declaraciones de Jordi Sànchez a EL PERIÓDICO del pasado lunes, y de ahí tantas otras voces que de una manera u otra temen que la inversión de las tornas perjudique JxCat y beneficie ERC.

Ahora ya se han cumplido dos años, Oriol Junqueras consideraba que Carles Puigdemont debía convocar autonómicas y cargar en solitario las culpas de la claudicación. El entonces presidente prefirió el camino del medio y ya hemos visto las consecuencias. Puigdemont considera que, donde las dan las toman, Junqueras cargará con el mochuelo de la sumisión al Estado represor para ampararse él de la pureza independentista. Pero ni sus fieles las tienen todas consigo. Si comporta beneficios, serán todos para ERC. Con que implique distensión, la estrategia de Puigdemont, hoy la dominante en JxCat, podría resultar mortal de necesidad para el espacio posconvergente. Por eso ERC quiere a Quim Torra en la mesa, para que los legitime y se deslegitime cuando se levante.