20 sep 2020

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Editorial

Los retos para un Gobierno de progreso

La necesidad cumplir una agenda social y cuadrar las cuentas pondrán a prueba la solidez del acuerdo

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El Periódico

Una persona sin hogar, durmiendo en una calle del centro de Barcelona. 

Una persona sin hogar, durmiendo en una calle del centro de Barcelona.  / RICARD CUGAT

Los líderes de PSOE y Unidas Podemos consiguieron encarrilar con una rapidez inesperada su reconciliación tras los frustrados intentos de acuerdo durante el pasado verano. Aún tienen por delante el difícil e incierto proceso de negociación que debería permitir que su principio de acuerdo lleve a la constitución de un necesario Gobierno, estable y sin provisionalidades. Pero incluso una vez superado este trance, un Ejecutivo de coalición progresista aún debería hacer un tercer, y no menos difícil, ejercicio de equilibrio político entre diversas demandas y necesidades.

Tanto la OCDE como la Comisión Europea han advertido a España de la necesidad de reducir su endeudamiento, aún más llegado el momento de prever los efectos de la desaceleración. Hace unos días, EL PERIÓDICO tomaba el pulso a los sectores empresariales españoles, aliviados por la posibilidad de tener un Ejecutivo constituido pero inquietos ante subidas de impuestos y derogación de la reforma laboral. Representantes de entidades sociales recuerdan hoy en estas páginas sus demandas a un futuro Gobierno de progreso. Una fórmula de ingresos mínimos en un país donde medio millón de hogares sobreviven sin ningún ingreso y los efectos de la pobreza enquistada tras la última crisis sobre los niños es alarmante, soluciones para hacer que la consideración de la vivienda como un derecho básico sea algo más que retórica, recursos para hacer efectivo el derecho a una pensión digna y las prestaciones por dependencia y medidas para blindar los derechos de los colectivos amenazados por el auge de la ultraderecha.

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Un Gobierno de progreso no solo puede encontrar su razón de ser en frenar el paso a una alternativa cada vez más inquietante. Debe responder de forma responsable a estas necesidades y ofrecer un modelo de cohesión en positivo frente al malestar social. Pero al mismo tiempo no tendrá más remedio que hacerlo desde una práctica de equilibro en las finanzas públicas, un ejercicio de realismo que quizá pondrá a prueba una coalición de Gobierno que deberá demostrar su solidez y responsabilidad.