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IDEAS

Manifestación para reclamar medidas contra la crisis climática, en Madrid, en marzo del 2019.

JOSÉ LUIS ROCA

La trampa cinco estrellas

Lucía Lijtmaer

Leo con sorpresa el siguiente titular: "Italia hará obligatorio el estudio del cambio climático en los colegios". Así lo ha anunciado el Ministro de Educación Lorenzo Fioramonti: Italia se convertirá en el primer país que enseñará a sus estudiantes el cambio climático y el desarrollo sostenible de manera obligatoria en todas las escuelas públicas. Estas dedicarán 33 horas al año, casi una hora de la semana escolar, a cuestiones sobre el cambio climático desde el comienzo del próximo año académico en septiembre.

La sorpresa no deriva del titular en sí, sino de algunas de las declaraciones posteriores de Fioramonti: el firme defensor de las tasas para los billetes de avión, para los materiales plásticos y para los alimentos con azúcares añadidos ha articulado su discurso como una respuesta a Salvini: "Quiero representar a la Italia que se opone a todo lo que hace Salvini. Tenemos que construir una narrativa diferente y no tener miedo de decir algo que no le guste a Salvini, porque para eso existimos".

En las escuelas se enseñará desarrollo sostenible, pero no el fracaso de la lucha antifascista

Fioramonti omite, por supuesto, la historia del Movimiento Cinco Estrellas (M5S) al que pertenece: desde el 2014 y hasta el 2018 el M5S formó parte del grupo Europa de la Libertad y la Democracia Directa (EFDD) con el Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP) de Nigel Farage y Demócratas de Suecia, ambos de extrema derecha.

La paradoja en la que nos sitúa la realidad contemporánea, parecida a tantas series distópicas que la gente ahora nombra e identifica como una evidente posibilidad: un futuro cercano en el que se enseñe en las aulas un desarrollo sostenible pero que no contemple cómo las décadas de lucha contra el racismo, la esclavitud, el imperialismo, la vigilancia contemporánea se quedaron cortas para narrar un fascismo nuevo y extremo que surge ahora como respuesta al agotamiento de recursos naturales. Una respuesta antipolítica, que dice hablar en nombre del pueblo y contra las élites gobernantes. En definitiva: una respuesta que se lee como ecológica pero que falla en la identificación de causas y consecuencias. Es decir: una respuesta tramposa.