19 sep 2020

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LA CLAVE

Saludo entre Pedro Sánchez y Oriol Junqueras, en la constitución de las Cortes, el 21 de mayo del 2019.

J.J. GUILLÉN (EFE)

PSOE y ERC, una responsabilidad histórica

Luis Mauri

La negociación sobre la investidura de Sánchez podría desenquistar la gobernabilidad de España y serenar la situación en Catalunya. O, por el contrario, perpetuar el bloqueo español y endurecer el conflicto catalán

Hay países que quieren ejercer un rol internacional más relevante, pero no pueden. España puede, pero no quiere. Prefiere vivir enredada en la querella territorial y la deslealtad política. Así razona un destacado diplomático extranjero destinado en Madrid. El hombre intenta comprender por qué la política española se maneja con tanto exceso de emoción como defecto de razón. Por qué esta pertinaz afición al autogol. (Apostilla para evitar engaños: cuando el diplomático dice España, incluye Catalunya en el concepto, y cuando dice política española, integra la catalana; no es un iluso).

El 'brexit' abrirá un espacio de excepción para el crecimiento de un nuevo gran actor en la Unión Europea, a la vera del eje francoalemán. La prolongación del bloqueo político y el conflicto catalán lastran la carta española: cuatro elecciones generales en cuatro años, y está por ver que la cuenta se detenga aquí. Un cierto estupor, y también impaciencia, cunden entre sus socios internacionales.

Italia no reúne hoy las condiciones. Está bajo la amenaza creciente de la extrema derecha de Salvini, quien ya formó parte del primer gobierno de la UE enfrentado frontal e inequívocamente a Bruselas. Otros aspirantes no tienen masa crítica suficiente o son demasiado pequeños o demasiado excéntricos o demasiado inciertos. Y España sigue aquí, entretenida en la pugna eterna de sus demonios ancestrales.

Grave disyuntiva

El bloqueo y el conflicto catalán convergen y se superponen hoy de tal manera que pueden llegar a confundirse. La inminente negociación entre el PSOE y ERC sobre la investidura de Sánchez podría desenquistar la gobernabilidad de España y contribuir a serenar la situación en Catalunya. O, por el contrario, podría perpetuar el bloqueo español, o bien conducir a una ecuación alternativa que sin duda endurecería el conflicto catalán: Sánchez, ya sin Iglesias, investido con el apoyo de Ciudadanos y la abstención del PP. La responsabilidad de los negociadores socialistas y republicanos es inmensa, abrumadora. Histórica.