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Dos miradas

’O agora que demora’, de Christiane Jatahy.

PAULO CAMACHO

Nos sentamos en la terraza del Mendizábal, "que es más canalla", dices. De vez en cuando se levanta un viento molesto, pero es pasajero. Se necesita un abrigo o quizás mejor una gabardina, como la que llevas. Se nos acerca un hombre corpulento, del Senegal. Nos quiere vender unos colgantes. Le doy la mano, robusta, y hablamos en francés y me dice que somos amigos y después me quiere regalar uno de los colgantes, pero le digo que no es necesario. Más tarde, una mujer mayor, con una bolsa de plástico nos quiere vender unos pañuelos de papel. Insiste en que nos los quedemos. Dice que cuida de unos abuelos y que los pañuelos están impregnados de reiki, que es algo que no entiendo. Tienen una energía positiva con la que los abuelos -angustiados, sin esperanza- reciben un poco de paz y de serenidad. Los coges y se va.

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En el teatro, acabo de ver 'O agora que demora' ('El presente que se alarga'). Usan los versos de Homero para explicar el exilio de ahora, el desconsuelo, el afán de volver a casa. Esperar no se sabe qué, pero esperarlo siempre. Un actor explica la palabra que le dijo su padre antes de partir. 'Courage'. Coraje. Hay un hilo que une las historias en esta tierra de nadie.