Mourinho vuelve a cortar carreteras

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José Mourinho, en su primera comparecencia como nuevo entrenador del Tottenham Hotspur, el pasado martes.

José Mourinho, en su primera comparecencia como nuevo entrenador del Tottenham Hotspur, el pasado martes. / AP

Como los golfos, jetas, desvergonzados, charlatanes, malas personas y vividores le van muy bien al espectáculo del fútbol nos alegramos del regreso de José Mourinho a la primera línea del show. Pero si seguimos siendo sinceros deberemos reconocer también que nos causaba intenso placer que este tipo pretencioso hubiese quedado relegado a la penumbra de estar sin equipo tras sus últimos sonados fracasos, pero no se puede tener todo. Démosle la bienvenida.

Nadie ha tirado tanto dinero contratando futbolistas que luego no supo hacerles jugar como Mou.  Tanto en su último paso por el Chelsea, como sobre todo en el legendario Manchester United, este portugués errante desperdició dos verdaderas fortunas (ajenas) comprándose nombres  siguiendo el criterio de la portera de Núñez, futbolistas que muy pronto dejaron de creer en él, abrieron los ojos ante la pobreza de sus recursos técnicos y estratégicos, le odiaron sin disimulos y no pararon hasta conseguir hundirle.

Mejor en Madrid

Ahora estará un tiempo cortando las carreteras del Tottenham. Para nosotros su entrada por la puerta más grande y más cara de este club tiene, sin embargo, un resabio agridulce. Nos habría complacido mucho más que su primera y famosa rueda de prensa en vez de producirse en Londres, la ciudad del Totenhham, su nueva víctima, se hubiese celebrado en Madrid, en el Bernabéu, junto al cadaver caliente de Zidane y abrazado a su muy amado amante Florentino. Porque el Mourinho comeback del 2019 dijo cosas tan propias del oso y el madroño como la de que "todo lo pasado es pasado", su manera de enterrar el viejo anuncio que hizo de que nunca entrenaría al Tottenham, su táctica para recordar que para la gente de su estilo el fútbol moderno no tiene alma.

"Nadie ha tirado tanto dinero contratando futbolistas que luego no supo hacerles jugar como Mou"

Esos comentarios habrían cuadrado muy bien, por cínicas, en la capital de nuestra piel de toro. Reino Unido a pesar del Brexit es un país serio; Mourinho siempre estaría mejor en un contexto como el nuestro, donde llevan los mandos del fútbol patrio esa especie de profesor de filosofía que se llama Luis Rubiales, el rey de la simpatía (o sea Luis Enrique), el estilista en artes marciales Javier Tebas y como representante de la megadeportividad de los futbolistas chapuceros el tremendo Sergio Ramos.

No ha podido ser. Si Zidane no funciona, el Bernabéu deja de tener a mano el recambio soñado de Mou, que con su famoso dedo ya señaló a la parroquia blanca que en España, cuando no se es superior a los demás, el mejor camino es la bronca. Para el barcelonismo surge de paso un peligro colateral: la amenaza de Pochettino, que sí sabe de fútbol  y ha quedado convertido inmediatamente en la gran esperanza blanca para cuando Rodrygo, Vinicius, el renacimiento de Benzema y ese buen jugador que es Hazard no lleguen a cumplir los objetivos de Floren.

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El mundillo de los grandes técnicos, salvo en lo que concierne a Klopp y su Liverpool, está bastante revuelto y a punto de iniciar otra ronda general de cambios. Casi todos los de la primera línea, con Pep Valverde incluidos, han llegado o se acercan a esa peligrosa cifra de tres temporadas que determina actualmente el límite habitual de caducidad.

Mourinho y Pochettino constituyen sólo una avanzadilla de lo que viene, aunque sepa mal citarlos juntos porque, aunque el argentino sea un filomadridista redomado, da toda la impresión de que en lo demás debe ser un hombre correcto.