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Análisis

Pedro Sánchez y Pablo Iglesias.

REUTERS / SERGIO PÉREZ

La (errática) tentación socialista

Gemma Ubasart

A día de hoy una legislatura con potencialidad transformadora solo puede solidificarse en un proyecto progresista y plurinacional

El 10-N reducía las opciones de Pedro Sánchez para ser presidente. La gran jugada maestra del 25-J se transformaba en que el presidente en funciones solamente podía mantenerse en la Moncloa si volvía a la correlación de fuerzas de la moción de censura. Las otras vías se habían esfumado: PSOE Ciudadanos ya no sumaban, un Gobierno en solitario con geometría variable no era pensable con un Podemos que resistió bastante bien, y una gran coalición con el PP solamente se podía transitar haciendo rodar la cabeza (política) de Sánchez. Además, otra repetición electoral podía darse por descartada.

A parte del daño institucional que supondría una tercera cita con las urnas, en estos momentos el fantasma de Vox es paralizante. Si el partido de Santiago Abascal consigue transmutarse en una realidad parecida a la extrema derecha europea, superando el techo electoral del franquismo sociológico, podría a empezar a drenar votos también del otro lado del tablero. La amenaza está encima de la mesa.

Ahora vemos que la vieja guardia socialista está espantada con un posible Gobierno entre PSOE y Podemos. Nunca sabremos cómo de avanzados estaban los contactos de los barones con sectores del PP para tejer la "gran coalición" antes de que Sánchez y Pablo Iglesias les sorprendieran con el 'pacto del abrazo'. A pesar de todo, este no es el único dilema en el socialismo español. Aceptando, como hacen la mayoría, que el nuevo escenario tiene que pasar por un acuerdo con los morados, existe la tentación de aplicar una estrategia de arrastre en la investidura.

El dilema: llevar al límite la situación para que al final sumen los números en la investidura o bien negociar la gobernabilidad de toda la legislatura. Con los resultados encima de la mesa, y con Iglesias en el Gobierno, pareciera que Sánchez solamente puede esperar votos afirmativos y abstenciones de los partidos de ámbito no estatal: independentistas, nacionalistas periféricos o regionalistas. Y los dos votos cautivos de Más País (basaron toda la campaña en la necesidad de garantizar un Gobierno del PSOE, no tiene margen de maniobra). 

Confianzas y acuerdos

Para que el Gobierno entrante tenga capacidad de afrontar los grandes retos del país (entre otros, plantear políticamente la crisis catalana y gestionar la desacelación económica) debe contar con una leal mayoría parlamentaria. La garantía de solidez y viabilidad de la legislatura pasa por tejer confianzas y transitar acuerdos (públicos y discretos) con más actores que los implicados en el Ejecutivo (juntos solo suman 155 escaños).

A día de hoy una legislatura con potencialidad transformadora solo puede solidificarse en un proyecto progresista y plurinacional. Por tanto, en una triangulación a tres: Sánchez-Iglesias-Rufián y todo lo que estos representan. Quizá ha llegado el momento de dejar de lado astucias y golpes de efecto; y las partidas en las que solo gana uno por goleada. La mesa de diálogo para desescalar el contencioso catalán que propone ERC es un buen punto de partida. Ahora bien, en la construcción de un nuevo escenario todos los actores tienen su parte de responsabilidad. Si se busca espacios de acuerdos mínimos compartidos, hay mucho por avanzar.