28 oct 2020

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ANÁLISIS

El príncipe Andrés, duque de York, en un desfile en el 2015.

JUSTIN TALLIS (AFP)

La monarquía frente al FBI

Ruth Ferrero-Turrión

La falta de empatía del príncipe Andrés con las víctimas de Epstein confirma la realidad paralela en la que vive la añeja aristocracia europea

Las monarquías siguen alejadas de la realidad, no consiguen comprender a la ciudadanía, aunque se esfuercen siempre hay algún rasgo que les delata, recordemos el “lo lamento mucho, no volverá a suceder” de nuestro Rey emérito o los escándalos de corrupción de Urdangarin. En esta ocasión le ha tocado el turno a la monarquía británica representada en la figura del príncipe Andrés. En esta ocasión el detonante ha sido la realización de una entrevista televisiva cuyo principal objetivo era limpiar su imagen ante los que le acusan de ser un abusador sexual en connivencia con Jeffrey Epstein.

Sin duda su entrevista en la BBC fue un fracaso estrepitoso de la política de comunicación del príncipe Andrés. En ella demostró su ausencia de empatía con las víctimas y, por ende, de la realidad paralela en la que vive la añeja aristocracia europea, pareciéndole incluso honorable no romper sus relaciones con Epstein a pesar de conocer todos sus desmanes.

Es tal la distancia con la realidad que el protagonista salió hasta satisfecho de dicha entrevista. Y no fue hasta varios importantes patrocinadores de su proyecto empresarial Pitch@Palace, como KPMG, Standard Chatered, o British Telecom le retiraron su apoyo, cuando se dio cuenta de su error. Un poco más tarde, Buckingham anunciaba la retirada de la vida pública del príncipe Andrés. La catástrofe era ya un hecho.

A partir de ahí, el ciudadano Andrés de Inglaterra tendrá que enfrentarse a las posibles citaciones y demandas que puedan hacerle llegar los abogados que llevan a las víctimas de Epstein. Los próximos pasos pueden llevarle, bien a una investigación por la vía penal por conspiración deliberada con Epstein o por la vía civil si la víctima lo considera oportuno. 

Sin sentimiento de culpa 

A partir de aquí habrá que esperar como se desarrollan los acontecimientos. En todo caso, lo que resulta realmente llamativo es la ausencia de sentimiento de culpa o retracto por unas acciones que, en conciencia, dicho príncipe, no consideraba éticamente cuestionables. No rompió su amistad con Epstein, por aquello de algo que todos hemos escuchado alguna vez en situaciones donde se pone en cuestión la violencia de género, el abuso, etc: “bueno, bueno, esa es su versión”.

Esa camaradería tan masculina, se une, en esta ocasión, con el sentimiento de impunidad del que se creen en posesión los nobles aún existentes para los que el derecho de pernada y su inviolabilidad personal siguen estando todavía vigentes. Por suerte, parece que la cosa ya no está tan clara.

Dice la prensa británica que la monarquía tiembla ante este escándalo. También lo dijeron aquí cuando la monarquía fue tocada por la corrupción. En pocos días, sin embargo, las familias reales volverán a ser noticia por sus bodas, bautizos y comuniones, por sus modelitos y grandes palabras y no por unos escándalos que continúan ocultos en la mayoría de los casos. Así que siguen, probablemente, tocados, pero no hundidos.