25 nov 2020

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Al contrataque

Diecinueve de los veintiún ex altos cargos de la Junta de Andalucía acusados en la pieza política de los ERE han sido condenados por la Audiencia de Sevilla, entre ellos los expresidentes José Antonio Griñán, con seis años de cárcel y quince de inhabilitación, y Manuel Chaves, con nueve años de inhabilitación.

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La otra vuelta a España

Antonio Franco

Si damos la vuelta a la España del descontrol delictivo de las autoridades encontramos de todo, por lo que son imprescindibles nuevos sistemas de vigilancia

Después de la sentencia del ERE andaluz (con Griñán y Chaves como últimos responsables)  mantengo la convicción de que el sistema autonómico se ajusta mejor a las realidades históricas y socioeconómicas de España que el centralismo anterior. Me parece absurda la pretensión de Vox de que demos una gran marcha atrás; eso nos conduciría inexorablemente a un final abrupto de la convivencia. En realidad creo lo contrario: nuestra heterogeneidad necesita una descentralización más acentuada, un federalismo nítido, pese a que varias autonomías españolas tengan un origen absolutamente artificial.

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Tanto si optamos por la continuidad como si intentamos cualquier tipo de reforma lo más urgente e imprescindible es acompañarlo de nuevos sistemas de control de las actividades de los políticos. Necesitamos mecanismos sociales de contrapeso nítidamente independientes tanto de los muy deteriorados partidos actuales como de esa justicia tan desdichadamente vinculada al mundo político que tenemos. El  actual esquema no sirve. No puede ser una simple coincidencia casual la enorme cantidad de largas corrupciones en la mayoría de las autonomías, descubiertas --cuando eso se ha producido-- siempre muy tarde y siempre muy mal, porque los ciudadanos prácticamente nunca han podido recuperar no ya el tiempo de progreso perdido, sino tampoco el dinero multimillonario robado, malversado u objeto de prevaricaciones.

Si damos la vuelta a la España del descontrol delictivo de las autoridades encontramos de todo. Desde la corrupción generalizada en casi todas las instituciones valencianas (con Zaplana, Camps y Rita Barberá como emblemas) al robo descarado de Matas y compañía en las Baleares; de estos ERE que han desperdiciado 680 millones de los fondos del desempleo en Andalucía al dichoso y sistemático 3% (multiplicado por dos o por tres) de Pujol, hijos y amigos; de las andanzas gansteriles de los Gürtel y el machaque del Canal de Isabel II en la Comunidad de Madrid a aquella presidenta, Cristina Cifuentes, que incluso fue sorprendida robando en un supermercado...

En todos esos y los demás casos existían teóricamente mecanismos de control, pero fueron inoperantes. Es la primera reforma que deben abordar Sánchez e Iglesias. Si nos hubiésemos ahorrado esos despilfarros probablemente ni tendríamos listas de espera médicas ni demoras en la atención a los dependientes. Y si a ello le sumásemos los 65.725 millones de otro tipo de desvío, ya no autonómico, los de aquella ayuda a los bancos que según el ministro De Guindos eran solo un préstamo a devolver, este final de año el Estado podría darse el gustazo de regalar un lote de Navidad a cada español. Con jamón incluido.