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Al contrataque

Luis Enrique grita durante el partido ante Bosnia.

EFE / ÁNGEL MEDINA G.

Luis Enrique

Milena Busquets

Solo se me ocurre una razón por la que Isadora Duncan volviese a bailar y Luis Enrique a entrenar: el deseo de seguir luchando por algo que puede hacer feliz a los demás

Estoy en una racha buenísima de lecturas. Lo de leer también va a rachas. Hay épocas en las que no encuentras de ninguna manera la horma de tu zapato. Uno suele saber ya en las diez primeras páginas si un libro es para él o no, con las personas solo se necesitan veinte segundos, los libros requieren un poco más de esfuerzo, unos diez o veinte minutos.

Puede que sea cierto que en la actualidad el mundo vaya más rápido que nunca, pero jamás irá tan rápido como las personas, sus pálpitos y sus juicios; somos veloces por naturaleza, es magnífico, el elogio de la lentitud es otra bobada moderna, uno solo empieza a frenar cuando ve que la muerte se acerca, nuestro hábitat natural durante muchos años es la velocidad.

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No planifico mis lecturas, solo a veces, cuando estoy acabando un libro, me pregunto vagamente: “Y cuándo acabe este, ¿qué voy a leer?”. No sigo las novedades, así que me guío solo por el deseo, el placer y la casualidad (en la literatura y en casi todo, me temo). Suelo escoger el libro que más me apetece en ese momento, el que más posibilidades tiene de hacerme feliz, de hacerme reír o de enseñarme algo.

De este modo, la semana pasada cayó en mis manos 'My life' (desconozco si el libro ha sido traducido al castellano o al catalán), la autobiografía de Isadora Duncan (1878-1927), la mítica bailarina, una de las creadoras de la danza moderna. El libro es apasionante, Isadora Duncan no era solo un genio (y como tal se la sigue considerando hoy en día a pesar de no haber ni una sola grabación de ella bailando, en una aparece dos segundos escasos), era una mujer libre (no creo que haya mayor elogio que ese, ya sea dirigido a una mujer o a un hombre).   

Seguir luchando

En el libro narra de un modo extraordinario, valiente, conmovedor y sin sentimentalismo alguno la muerte de sus dos hijos en un accidente de coche, el vehículo se precipitó al Sena y los dos niños (de tres y siete años), así como su niñera, perecieron. Y cuenta cómo después de esa tragedia insoportable, vuelve a bailar, sigue viviendo a pesar de todo.

Acababa de terminar el libro cuando me enteré del regreso de Luis Enrique como entrenador de la selección nacional de fútbol. ¡Qué buena noticia! Y qué valiente y generoso. Solo se me ocurre una razón por la que Isadora Duncan volviese a bailar y Luis Enrique a entrenar: el deseo de seguir luchando por algo que puede hacer feliz a los demás. No me gusta mucho el fútbol, pero no me perderé ningún partido de los que él entrene.

Por cierto, Isadora Duncan murió a los 50 años, estrangulada por su propio 'foulard' al engancharse este con una de las llantas de la rueda del coche descapotable en el que iba con su amante. A toda velocidad